domingo, febrero 01, 2026

El Baile por Mag VII.

Regresó a Mis Dominios
donde no hay espacio para el olvido
con la prestancia de siempre,
con el sentimiento presente
para un último compás
que sigue vibrando en su latido.

Mi Gratitud, Mi Estimada Magda por volver a ser parte de Mi Baile.
Beso dulce con mi cariño.  

El Último Compás…

Hacía más de un año que no acudía al castillo de Monsieur Dulce. No quería hacerlo a lo grande, más bien del mismo modo en el que me había ido.
No en un silencio sepulcral, pero sí en una ausencia tañida de cierta nostalgia. 

Mis pasos sonaban huecos y mi vestido arrastraba sobre la brillante madera del suelo. El corazón me latía con fuerza y una especie de espiral blandía en mi estómago.

Había pasado el tiempo suficiente para que, tal vez, se hubiera olvidado de mí, pero el momento del baile también podía ser una buena ocasión para algo más que bailar.
No sería pasión, sería redescubrimiento.
Sería latido… sin pulsión.
Un encuentro de miradas y, sí, también, de sensaciones que no necesitan nombre para existir.

Crucé el umbral y el salón me envolvió con su aire cálido y la música que todavía parecía retener el eco de los pasos anteriores. Allí estaba Él, girando suavemente con otra. Ella levantó la vista y me encontró, pero Él no; su atención estaba dirigida a otro lugar, a otro compás que no era el mío.

Por un instante me quedé quieta, dejando que la escena me alcanzara en su totalidad: los movimientos medidos, la risa contenida de la otra, la indiferencia involuntaria de Él; su mirada estaba fija en otro compás, en un instante que no me incluía. No sentí sorpresa ni celos, solo un reconocimiento de lo que había sido y aún era: un espacio que yo conocía, ahora habitado por otra presencia.

Respiré hondo y me permití avanzar un paso, apenas uno, calculando la distancia que me separaba de lo que deseaba tocar sin tocar. Cada giro de ellos parecía dibujar líneas invisibles entre nosotros, tensas y precisas, recordándome que aún podía decidir cómo entrar en aquel baile, aunque todavía no fuera el mío. 
 

La música flotaba espesa, con un grave sostenido, cuerdas bajas, casi un susurro que obligaba a acercarse para escucharlo. Un vals lento, oscuro, de esos que no invitan a girar, sino a deslizarse, como si el aire mismo se moviese al compás.  La máscara ocultaba lo evidente y revelaba lo esencial.

—Pensé que no volverías —dijo, sin mirarme aún, apenas un soplo que se perdió entre los acordes.

No respondí. No hacía falta.
Su mano encontró mi espalda con una delicadeza aprendida, no conquistada.  No buscó, no apretó. Esperó.
Solo entonces me permití acercarme un poco más, lo justo para que el espacio entre ambos dejara de ser seguro; ese espacio mínimo donde el cuerpo recuerda antes que la memoria… La tela, el calor, la respiración ajena marcándome el ritmo. 


Bailamos.
Lento. Medido.
El cuerpo entendiendo antes que la cabeza.

Un roce de dedos al girar, más tiempo de lo necesario. La presión suave de su palma guiando el paso, mi respiración acompasándose a la suya. Nada desbordado. Todo contenido. Una pregunta que no debía formularse en voz alta. Yo no retiré la mano. Tampoco la apreté.

Y en ese vaivén lento comprendí que algunas ausencias no son huida, sino promesa aplazada. Que volver no siempre significa quedarse, pero sí atreverse a sentir de nuevo.
No es olvido, sino reserva.
Que hay deseos que no buscan consumirse, sino permanecer tensos, vivos, exactos. 

Cuando la música murió, el silencio quedó suspendido entre nosotros. El abrazo se deshizo despacio, con una última cercanía que rozó la promesa.
Él dio un paso atrás. Solo uno. El suficiente.
Otras manos lo reclamaron, otras máscaras, otras presencias que no podían esperar.
Antes de girarse, alzó la mirada.
No fue despedida. Fue sostén.
Un hilo tenso entre dos cuerpos que ya no se tocaban.

Nada había cambiado… 
y, aun así, aquella mirada quedó suspendida, latiendo sola, mientras la música volvía a reclamarlo.

Solo un baile: el Baile de máscaras.

© Mag


 Imágenes del texto generadas por gemini @©ɱâğ

16 comentarios:

  1. Siempre es un placer a Mag.
    Un baile a la altura de la más elegante sensualidad, la cual es fácil de descifrar en ese compás que no se pierde aunque pase un año de baile a baile.
    Un beso para Mag, y otro para el anfitrión, magnífico texto.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En este caso fueron dos años, ya que Mag no asistió al anterior, aunque yo no lo recordaba, pero en este sí marcó presencia y yo no olvido a quienes son parte de Mis Dominios.

      Besos dulces, Campirela.

      Eliminar
  2. Dulce, comme un pas de danse revenu du silence.
    Il ne fait pas de bruit, mais il fait battre la mémoire.
    Tes mots ont la douceur d’un adieu qui devient retour,
    et ton « último compás » continue de vibrer dans le cœur.

    J'ai adoré !

    Bisous doux a Mag et pour toi
    Bon dimanche a vous deux.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Todo regresa donde pertenece, así también un sentimiento y para ello no hay despedida ni olvido como bien ha relatado Mag en esta cita especial en mi Salón. Merci, Veronique.

      Bisous Doux.

      Eliminar
  3. Un baile precioso y delicado. Muy bonito el texto de Mag, me gusta esa idea de la duda ante el regreso :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muy elegante ciertamente y esa duda tratada con suavidad.

      Besos dulces, Sylvia.

      Eliminar
  4. Ay me encantó, sale fuera de lo común, se respira tal vez hasta una cierta inseguridad, como una espera,como un no saber..
    Precioso!
    besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Duda, inseguridad, pensaría Mag tal vez que el Señor la castigaría por faltar al anterior? :)

      Besos dulces, Lunaroja.

      Eliminar
  5. Bello y dulce poema. Siempre me enamoro de tus versos. elñ relato es muy romántico me gusto mucho. . Te mando un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El romance tampoco falta en Mi Baile de máscaras. Un placer que todo te haya gustado, JP.

      Besos dulces.

      Eliminar
  6. Es un bonito texto. Te lleva con las palabras a la historia del reencuentro, pero en realidad solo escuchas música y sentimiento.
    Os dejo una sonrisa tras el encuentro.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un bonito marco para un reencuentro para alguien que al fin de cuentas nunca ha dejado de estar.

      Un beso dulce, Marina.

      Eliminar
  7. Un precioso baile, sereno, ritmado, sin pretensiones, tan solo latidos presentes que vuelven y vuelven...
    Abrazos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como un vals cadencioso que deja lugar a las emociones.

      Besos dulces Mil.

      Eliminar
  8. En su momento lo leí, me recordó ese mágico lazo rojo que une y ata sentires, pero no amarra .

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es una bonita interpretación la que haces,, Maia.

      Un beso dulce más.

      Eliminar

“La belleza complace a los ojos; la dulzura encadena el alma” (Voltaire)