miércoles, octubre 21, 2026

Dómine.

Hay un clamor
que invade con ímpetu
la debilidad íntima
de las obscuras horas,
como el vino embriaga con impiedad
e ignora toda moral
fermentada en la espuria.
Un clamor
que envuelve con plácida dulzura
y seduce con ensoñaciones impuras
al tomar masculina forma,
y sin tocar siquiera
desflora a la damascena de su decencia
para poseerla impúdica,
al igual que el mar embravecido
golpea el risco sin renuncia.
Clamor que se expande
conquistando tierras lejanas
donde reino y horado votos
que supuran mieles
ante mi soberanía.


domingo, octubre 18, 2026

Silencio. (Susurros de Mujer de Negro)

- Silencio -
Escucho.
Hay noches que no llegan:
se abren.
Y esta noche
ha dejado una puerta entreabierta
en algún lugar de mí.
No preguntaré qué hay detrás.
Ya conozco tu voz
cuando la respuesta
no debe pronunciarse.
Las seis fieras se mueven:
una,
otra,
otra más...
como si reconocieran
un antiguo llamado.
No las detengas.
Tampoco las nombres.
Hay cosas que pierden su poder
cuando se dicen en voz alta.
- Silencio -
Que la sombra conserve
lo que aún no se devela.
Y cuando cierre los ojos,
sabré que estás aquí.

© Mujer de Negro

Susurros que Mujer de Negro dejó en mi poema "Silencio".
Mi gratitud por este regalo.
Besos dulces.

jueves, octubre 15, 2026

Silencio. (Susurros de Maia)

Cosas de la oscuridad...

Yo no nací para la noche.
La noche nació dentro de mí
mucho antes de que aprendiera
a temerle a la oscuridad.

Por eso no pregunto quién gobierna
cuando las estrellas pierden el rumbo.
Hay puertas que no se abren con llaves,
hay nombres que solamente se pronuncian
cuando una está dispuesta a arrodillarse
ante aquello que reconoce.

Yo lo reconocí.

No fue la voz.
No fueron las manos.
Fue esa manera tuya de mirar
como si supieras exactamente
qué parte de mí llevaba años esperando.

— Silencio —

Estoy aquí.
Entera.
Despierta.
Y voluntariamente tuya.

© Maia.

Susurros que Maia dejó en mi poema "Silencio".
Mi gratitud Maia.
Besos dulces. 

sábado, octubre 10, 2026

En las sombras.

Bajo la bóveda de un fino dosel,
entre respiraciones secretas
y aromas de rosas
se gesta el fuego que doblega tu guardia.
Ardes con el deliro de la fiebre
rogando porque las horas no mueran
y me vuelva en ti un eco constante
de agudo gemido.
Soy la espina que rasga
tus pétalos ávidos de primavera
los que rezuman perdidos en el goce infinito
cuando me dejas entrar,
y entonces nadie sabe
que palpito en las sombras de tu deseo,
el que me invoca latente
con la apetencia de serme.

lunes, octubre 05, 2026

Desafío.

Me reta,
me desafía a ir más allá
de lo que su boca pronuncia
en un ven disparado con sutileza.
Pero mi apuesta es audaz
elevando las pulsaciones
que tensan las venas
ante la demanda consentida.
Y pacto
hacerla llorar en torrente
desde su bermejo cielo
y en dorados destellos.