Pecar-te
de comisión y pensamiento
encontrando en tu virtud
la malicia del vicio
y el placer que subyuga.
Pecar-te
devorando tu alma sin sosiego
solo por creer que es
posible
el milagro de tu ruego
invocado por voluntad mía.
Pecar-te
abriendo las puertas de tu cielo
y atravesando las de tu infierno
en constante procesión
impenitente ante tu viva carne.
Pecar-nos
y así liberarnos.

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