sábado, enero 24, 2026

El Baile por Lunaroja VI.

La Habitación Violeta
para la cita eligió
y allí encontró
un corsé que la ató
a la dulce fantasía
de la Dominación.


Mi Gratitud Lunaroja por vivir la fantasía junto a mí.
Besos dulces.



El Corsét
 

Iba a llegar tarde a la Fiesta del Caballero misterioso.

Era la primera vez que la invitaban a un evento así, con lo cual había preparado todo con extremo cuidado y mimo para estar a la altura de las consignas del protocolo de esa fiesta.

Salió apuradísima de la casa, sin maquillar, con una coleta, sus vaqueros de la suerte y una camiseta blanca. Ya habría tiempo de engalanarse allí, ya que se les ofrecía esa posibilidad, para estar más cómodas y tranquilas.

Su coche arrancó velozmente y respiró nerviosa comenzando la aventura.

Cuando llegó a la mansión (porque no podía llamarla de otra manera, era imponente), aparcó su coche, bajó apurada, porque estaban todas las ventanas abiertas e iluminadas, se oía música, y muchas voces y risas. Era tarde ya!

Abrió el maletero para coger sus cosas y tardar lo menos posible y sobre todo, entrar desapercibida para no dejarse ver antes de estar lista y esplendorosa.

Pero sus preciosos ojos se abrieron con espanto al comprobar que el maletero estaba…vacío!

No había maleta, no había nada de nada…solo la vieja toalla de playa y unas bolsas sueltas. Con las prisas había dejado todo al lado de la puerta al salir corriendo de la casa.

Qué horror! Qué iba a hacer ahora? Como explicaría lo sucedido? Mejor irse sin avisar? Quedarse y explicar? No quería perder una posible y futura invitación. Si se iba ahora no podría conocer las famosas fiestas y seguro nunca más sería tenida en cuenta.

No sabía si reírse, llorar, o ponerse a gritar de la desesperación.

En el momento preciso en que decidía volverse a su casa, escuchó una voz detrás suyo preguntándole si tenía algún problema. Se giró en redondo encontrándose frente a frente con el que supuso era el anfitrión. Su smoking lujoso, su impecable figura, su porte y…principalmente porque lucía un negro antifaz de seda y un bastón con puño de plata le dieron todas las pistas.

Muy apurada y ruborizada le explicó lo que le había sucedido y disculpándose le dijo que se iría de inmediato.

El Caballero, la invitó a entrar por una puerta lateral, ofreciéndole la posibilidad de elegir en el cuarto de los trajes femeninos, lo que ella deseara. Quería que no se fuera y que pudiera vivir una de sus célebres fiestas de Fin de Año.

Finalmente decidió quedarse, a veces las oportunidades se dan una vez en la vida, y ella no quería arrepentirse de no haber experimentado esa.

Entraron silenciosamente por detrás de la casa, y Él la invitó a subir a una de las habitaciones del piso superior.

Una vez vestida, debía elegir el sitio donde se producirían los encuentros, tenía tres opciones en el pergamino que iba a encontrar en el escritorio de la habitación de los trajes, y una vez elegido el encuentro, acudir y esperar.

A solas, en la habitación de los vestidos se maravilló con la cantidad de ropa, maquillajes, adornos y perfumes que allí podía encontrar. Comenzó a revisar los percheros, no había nada que le gustara particularmente, ella era informal, sencilla, sin demasiadas vueltas. No le gustaban los adornos y menos esos trajes tan extremados.
Dio vueltas por el cuarto, miró y remiró todo, y de pronto vio entre todas las faldas, enaguas, corpiños y guantes un impresionante corsé de extraordinaria seda china, color dorado envejecido, con bordados en verde hoja, formando maravillosas hojas y flores de cerezo. Inmediatamente lo apartó para ponérselo. Pero tenía que elegir otra pieza para la parte de abajo, siguió buscando sin encontrar nada que le gustara de verdad e hiciera honor a esa maravillosa prenda. Qué iba a ponerse?

De pronto tuvo una idea irracional, pero, no del todo descartable…

Mientras imaginaba como hacerlo, comenzó a maquillarse, adornó sus preciosos ojos verdes con sombras doradas y marrones, remarcó sus pestañas y sus mejillas, se dio toques de brillo rojo sangre en la boca, y mirándose al espejo, se vio tan bonita que soltó su coleta esparciendo su larguísimo pelo negro sobre su espalda como una negra cortina de seda.

Y fue al mirarse cuando decidió como terminaría de vestirse…

Cerró la puerta y acudió a la Habitación Violeta.

Cumplió todas las premisas y esperó inquieta, de pie, con el corsé desabrochado por la espalda, y sujetándolo con las manos sobre sus pechos.

Cuando el Caballero sutilmente tocó la puerta avisando de su llegada, ella sintió el frío que entró al abrirse la puerta. Su piel se erizó, pero, se quedó quieta, dándole la espalda.

El Caballero se acercó lentamente, y susurró con delicadeza con voz profunda y grave:

“Eres muy atrevida eligiendo la ropa, tengo que reconocer que no solo me has sorprendido, sino que te miro y siento el deseo de acariciarte. Deja que te ajuste los cordones del corsé”

Él se acercó casi hasta pegarse contra su espalda, sintió el aliento en el cuello y esperó los primeros tirones para cerrar el corpiño.

Pero no sucedió eso, de pronto sintió que por su espalda se deslizaba algo que ella no podía definir, algo que era suave y frío, pero de tacto agradable… desde su nuca hasta la última vértebra entre sus nalgas, en el sacro, el hueso sagrado, el que guarda las memorias ancestrales, el que despierta la energía cósmica. Y sintió como el poder ancestral femenino se elevaba anclándose en su sexo. Se giró entonces mirándolo a los ojos.

El Caballero tenía una negra fusta de cuero que golosamente recorría con sus dedos. Eso era lo que había sentido antes! Qué sensación maravillosa.

Los negros ojos de Él recorrieron una vez más todo su cuerpo, con una sonrisa entre burlona y oscura, apretó los cordones del corsé sobre su cuerpo, la giró una vez más para ponerla frente al espejo, y colocándose detrás de ella, miró esa imagen tan erótica que reflejaba el cristal.

“Has sido una chica muy desobediente, nadie viene al Baile del Caballero eligiendo un corsé de seda antigua, una de las prendas más impactantes de mi vestuario de fiestas y se deja el vaquero desgastado y los pies descalzos”

Y con esa misma sonrisa, esa misma mirada oscura, hizo chasquear suavemente la fusta contra su otra mano.

 © Lunaroja

jueves, enero 22, 2026

El Baile por Marina VII.

Una sonrisa
que acompaña a la música 
como una espiral que danza
al son de sus vivaces ojos
siempre atentos
a los movimientos en El Salón. 


Gracias Querida Marina por venir a Mi Baile.
Besos dulces con mi cariño. 


¿Qué esconde una escalera de caracol?


Llego al Baile el último día, casi como siempre. Tus Leones no están muy seguros de franquearme el paso, pero deciden no arriesgarse con el Señor del Castillo y me permiten entrar. 

Reposo mi espalda contra la barandilla de la inmensa escalinata y espero, como casi siempre.

Suena una música de baile, como no, mientras El Salón se llena de tules, sedas y brocados. 

Yo sonrío, siempre sonrío cuando suena la música ... 

 © Marina

lunes, enero 19, 2026

El Baile por Auroratris VIII.

Infaltable, puntual
llegó un año más al Baile
para la cita escogida.
De seda y cuero
se dirigió a El Confesionario
y bajo mi atenta mirada
me susurró su confesión.


Mi Gratitud Mi Querida Auro por no faltar a la cita.
Besos muy dulces.


Una Confesión Puntual 


La puntualidad es una virtud que compartimos la invitación de Dulce y yo. Como cada fin de año hay una fiesta que celebrar en su Castillo durante la cual corre el champán, bailes con el anfitrión y hasta juegos tan divertidos como sexys donde el ingenio está servido entre miradas y susurros intencionados. 

El atuendo atrevido siempre es una opción para el momento íntimo. ¿Cuál disfraz tocará está vez? Entre tules, sedas y cuero anda mi elección. Imagino a mi lado al Caballero dando su punto de vista ante cada prenda. Su mirada penetrante y su aceptación ante la resolución del dilema textil.

No puedo llegar tarde cuando el conjunto está solucionado, el maquillaje acabado y el peinado... ¡Ja, despeinado! Un taxi en la puerta me avisa con un toque de claxon de que es la hora. El taxista se apresura para abrir mi puerta antes de que llegue hasta él. Sus ojos y su boca tienen el mismo diámetro de sorpresa que espero provocar en Dulce. Un cuerpo de cuero negro y una falda de gasas moradas se deslizan dentro del coche.  Solo doy la dirección y la noche se abre llena de emociones. 

Ahí está este Castillo encantado. Me esperan aventuras que permanecerán de manera sempiterna entre sus arcanas paredes. La expectación está servida mientras desciendo la impresionante escalinata que me dirige hasta la caballerosa mano del anfitrión.

Sus ojos brillan tras la máscara seductora, los míos lucen tras el brillo de las lentejuelas. Creo haber acertado en la elección, no por ello el resto de las damiselas están exentas de belleza. Esta noche todo es divino, risa y encanto. 

Si difícil fue elegir el disfraz más complicado será elegir la habitación en la cual un juego late dispuesto a ser disfrutado por ambas partes. 

Observo a mi alrededor el bullicio que crece, las risitas alejándose por los largos pasillos hasta que un susurro se cuela en mi oreja y deja una pregunta coqueta:

- ¿Ya ha elegido la Señorita? ¿Acaso, necesita ayuda? 

En ese instante lo veo claro. Necesito una confesión. Y así mismo se lo hago saber. No hace falta descubrir su rostro para adivinar la emoción que bulle bajo el antifaz.

La señal es al finalizar nuestro baile. El pasillo se abre lujosamente hasta plantarme frente a la puerta que reza como «Confesionario». Una vez dentro puedo respirar su perfume que me guía hasta un sillón confortable donde el Dulce Caballero espera para mi confesión. 

El silencio envolvente se rompe con su voz, mis rodillas tocan el suelo y una mano protectora se posa sobre mi cabeza, la cual se hace nido sobre sus piernas.

- «Confieso haber imaginado una intimidad desbordada con Usted dándole protagonismo a mis manos, aves buscando el calor de su piel entre los ropajes, mis yemas como auténticas llamas 
incendiarias dejan un reguero erizado allí donde se posan. 

Confieso querer ser invidente para leer el lenguaje que revela cada parte de su cuerpo. Sentir y Sentirle haciendo poesía inscrita en el aíre con cada uno de sus suspiros. 

Confieso el deseo de su indefensión bajo mi trémula carne y ser liberada de este pecado que arde dentro de mí.

Ruego me conceda la absolución, Dulce Caballero»

Salgo algo aturdida de este encuentro con la sensación de caminar flotando. Tomo una última copa antes de abandonar el Castillo, en el último sorbo siento su respiración en mi espalda y una nueva invitación:

- La espero el Año Próximo, Señorita.

Mi sonrojo hace una carrera hasta el taxi que ya espera al igual que el amanecer. 

Lanzo un beso que Él captura en el aire y «DulceMente» lo lleva a sus labios.


© Auroratris