Y quién iguala?
la entereza de su disciplina
que equilibra sus pasos
sobre la cuerda floja de la vida.
La transparencia
de su coraza de la justicia
o el asombro que produce
cuando su piel se torna ígnea.
Puedes robar su nombre,
puedes robar su imagen,
más no puedes robar
su integridad impoluta.

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“La belleza complace a los ojos; la dulzura encadena el alma” (Voltaire)