domingo, mayo 03, 2026

Ciclamen.

Poco a poco el flogger iba dejando rastros bermejos sobre su piel desnuda y ante su tacto, Flora parecía levitar. Con los ojos vendados y atada por las muñecas, con sus brazos extendidos por sobre la cabeza, posición que no podía abandonar ante mi mandato.

El ritmo de su corazón iba más a aprisa que el de la música que llenaba la habitación. Aquella música que también estimulaba los sentidos y potenciaba el goce mutuo.

Al llegar a sus pechos, Flora temblaba con ansias sin saber hasta dónde más podría resistir. —¡Aún no!, aguanta,—le dije intuyendo la llegada de su orgasmo. La voz firme era casi otro flagelo que ella disfrutaba y acataba sin reclamo.

Su cuerpo serpenteaba cuando el flogger llegó a su vientre que ya era un mar tempestuoso. Y yo disfrutaba de verla plenamente excitada, mientras cantaba —"Your favorite innocence/Your favorite prize/Your favorite smile/Your (My) favorite slave ...

En ese momento decidí cambiar el instrumento de placer y usar el otro extremo del flogger. Al notarlo, Flora inmediatamente abrió sus piernas exponiendo su sexo rosado, mojado y palpitante. — Tal como una Ciclamen, —susurré,— ábrete para mí, MI flor favorita. Ella se abrió, mientras el juguete en mi mano invadía su sexo totalmente empapado.

"In your room where time stands still" (En tu habitación, donde el tiempo se detiene).

© DUlCE



Relato que forma parte de la propuesta "La música y las flores"
del blog "Serendipia ༄Variétés༄" de Ginebra.
Publicado bajo etiqueta © DUlCE.

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“La belleza complace a los ojos; la dulzura encadena el alma” (Voltaire)