—Da la vuelta e inclínate. —Obediente se posó boca abajo sobre la mesa y la palma de mi mano fue certera en su culo, a lo que ella respondió con un gemido agudo y agradecido. Mi mano buscó más de ella internándose y mis dedos la penetraron sin resistencia. —Separa las piernas. —Abrió sus piernas y su humedad se desbordó en mis dedos, sus labios asomaron como pidiéndome más y yo sabía que ella deseaba más. —¡Pídemelo como te he enseñado!. —Señor, úsame por favor, haz tu voluntad en mí.
Oír su petición con ese tono lleno de urgencia solo acrecentó más mi excitación que debía ser liberada. Pegado a su culo me movía oscilante inquietándole más, sentía que me expandía dentro de ella sintiendo ese deseo imperioso de que entrara. Sujeté sus manos con firmeza a su espalda y empujé profundo obteniendo su grito como respuesta, una respuesta anhelada. Su cuerpo se tensó, como queriendo contenerme dentro o anticipando mi siguiente embestida que no tardó. Dejé sus manos sujetas solo por mi mano derecha y la izquierda la enredé en sus cabellos arqueando su espalda al tirar de ellos y clavé la tercera embestida que la sacudió como una descarga eléctrica que le hizo temblar completamente.
La cuarta y quinta embestida se sucedieron con dureza ante la contención de su cuerpo, casi queriendo evitar que el mío con su fuerza la doblegara antes de lo deseado. Su vientre se contrajo al tirar más de su cabello mientras las embestidas fieras iban más a prisa. Las respiraciones resonaban más fuertes, los movimientos de mis caderas eran una declaración de intenciones y las suyas deliberadamente se acoplaban y no querían consentirme el rendirla sin darme batalla.
Para ambos es más que solo sexo, más que un mero juego; es una forma de vida.
© DUlCE

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“La belleza complace a los ojos; la dulzura encadena el alma” (Voltaire)