jueves, enero 29, 2026

El Baile por Mujer de Negro V.

Regresó desde el silencio
atendiendo al requerimiento
del Caballero oscuro
y siguiendo un camino conocido
llegó a Mis Dominios
para cumplir la cita deseada.


Mi gratitud Mujer de Negro por volver a Mi Baile.
Besos dulces.


El castillo del León


Caminé sin prisa, la noche se había cerrado delante de mí; y ante tanta oscuridad las sombras fueron cayendo con lentitud, solo el sonido de los stilettos y algunos gorjeos de murciélagos que revoloteaban al aire cortaban el silencio de las callejas vacías, continué en línea unos minutos más, el camino seguía igual, estéril, lúgubre, tan desolador que erizaba la piel, empecé a dudar si llegaría a mi destino, con el cielo casi negro, era imposible saber si en algún punto me había equivocado. 

De mi lado izquierdo apareció un hombre, o quizás era una silueta, una sombra, podría ser producto de mi imaginación o desespero. — ¿Me puedes ayudar?, ¿este es el camino hacia el castillo del León?, no emitió sonido, pero sentí su voz como muchas voces, su rostro como mil más y a la vez ninguno, intenté hablar; y su dedo índice silencio mis labios, sin tocarme, sentí su roce, señaló una pequeña desviación al costado izquierdo; y me susurró en silencio, — Te prometo que en su momento, cuando lleguen tus pasos a mis dominios [llegarás, no lo dudes], te estaré esperando; y en un beso casi infinito sentirás cuánto te he extrañado; y se desvaneció como había llegado. 

No intenté buscarlo, no era necesario, su voz, su rostro, su mirada, todo en ese hombre que parecía desprendido de la nada me recordó a un mismo hombre; y de ser así [como ya lo dijo] me estaría esperando. 

Seguí su guía; y cuando alcancé el recodo señalado, un jardín secreto apareció, con flores multicolor formando un íntimo sendero ascendente, que iluminado por la luna se abría cálido ante mí. El trayecto se volvió tranquilo, sin viento, sin oscuridad, el velo del anochecer se había disipado y en su lugar dejó caer las luces tenues proyectadas desde la redondez de la luna. 

Sobre la colina, la amplia puerta principal custodiada por cuatro Leones se abrió con gentileza, del interior del castillo manaba una suave melodía que acariciaba el alma 

El Caballero Oscuro reposaba con suavidad en una de las columnas al pie de la escalera, con los pies cruzados al igual que los brazos, la cabeza inclinada ligeramente hacia su izquierda, su mirada profunda, vibrante protegida por un antifaz que lo volvía seductor, e irresistible, más aún de lo que ya lo era. Se acercó a recibirme, su mano cálida sosteniendo la mía hizo posible que todo alrededor se desvaneciera; y delante solo quedó la puerta, esa puerta que había elegido y al contacto con mis manos se abrió sugerente. 

— Al final te decidiste por el salón ... sabía que lo harías, ¡entremos!, por cierto, mi niña ... ¿recibiste mi mensaje?.

Su mensaje... aquella silueta protectora que, desde la oscuridad me indicó el camino.


Siempre que me sea posible estaré presente en tu baile de fin de año, mi Caballero Oscuro.
Gracias por la invitación.

 © Mujer de Negro

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“La belleza complace a los ojos; la dulzura encadena el alma” (Voltaire)