Canalizo
el influjo estimulante
de su perceptible presencia,
seducción real
invasora de mis sueños.
Extiendo mi mano
para acariciar
las bondades de su misterio
donde mis alborozados dedos
se contorsionan.
La deseo
sin medida de pensamiento,
como se desea aquello que está
más allá del mal y el bien.

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“La belleza complace a los ojos; la dulzura encadena el alma” (Voltaire)