jueves, febrero 05, 2026

El Baile por Campirela IX.

Un encuentro de magia
acontecido en el Salón
y un juego seductor
para sorprender al anfitrión,
silencios y miradas
reinaron en la noche
en que algo nuevo comenzó.


Mi gratitud Campirela por traer tu sensualidad a Mi Baile.
Besos dulces.


Baile de Máscaras en el Salon 2025-2026

Un año más, nuestro anfitrion nos ha dejado una invitación a su Baile de Máscaras de fin de año.

El Castillo no puede estar más concurrido de bellas damas, y esa aura que rodea todo el misterio que allí dentro se condensa, Música, Manjares, Delicadeces, Conversaciones, y quién sabe si en alguna sala haya magia, donde la sensualidad, erotismo, y seducción llegan a los límites permitidos por ellos mismos.
Se abre la puerta Aquí, podéis sentir, la creatividad y sensibilidad de sus invitadas. Entrad, cerrar los ojos y disfrutar...

                       


                                  Mi Baile en el Salón


Aquella invitación del Señor del castillo llegó en el momento exacto, como si hubiera estado esperándola sin saberlo. Solo le había visto una vez, en el mercado medieval. Le observé desde lejos, y aun así su presencia me atravesó, misteriosa, elegante, casi peligrosa. Desde entonces, las historias sobre él me perseguían.
Cuando pensé en ese deseo, él se giró. Sus ojos encontraron los míos con una precisión inquietante. Sentí un estremecimiento que me recorrió entera, como si me hubiera tocado sin acercarse.
Y entonces llegó la invitación, en un sobre lacrado con mi nombre grabado a fuego.
¿Cómo supo él quién era yo?
Quizá siempre lo supo.
Entré en el castillo sin prisa, como si mis pasos conocieran un ritmo antiguo. No buscaba llamar la atención, pero mi presencia parecía abrir un pequeño silencio a mi alrededor, un espacio donde las miradas se detenían sin quererlo.
Él me observaba desde la distancia. Lo sentí antes de verlo.
Una atracción silenciosa, un tirón suave, pero firme, como si algo en mí lo hubiera descolocado.
Respiro.
Camino.
Me deslizo por el salón con una naturalidad que no finjo.
Y sé que él me sigue con la mirada.
El salón es un universo de luces, máscaras y música sensual. Todo brilla, todo respira, todo invita. Pero, aun así, siento que él solo ve una cosa, a mí.
Cuando se acerca, lo hace sin darse cuenta de que ha abandonado una conversación a medias.
Yo no digo nada.
Solo lo miro.
Una mirada tranquila, segura, que no necesita adornos.
—¿Me concede este baile? —pregunta, y su voz suena distinta.
Acepto con un gesto mínimo, casi imperceptible, pero cargado de intención.
En el centro del salón, cuando sus manos rozan la desnudez de mi espalda, algo se enciende.
No es la música.
No es el ambiente.
Es la forma en que me mira, como si estuviera descubriendo un secreto que no sabía qué quería conocer.
Él, acostumbrado a dominar cada situación, siente que soy yo quien marca el ritmo.
Y lo nota.
Y le sorprende.
Y le atrae.
No hablamos.
No hace falta.
El lenguaje está en la respiración, en la distancia exacta entre nuestros cuerpos, en la tensión suave que se forma cada vez que mis dedos rozan los suyos.
El tiempo se detiene para nosotros.
El baile se vuelve un diálogo silencioso, una invitación que ninguno de los dos pronuncia, pero ambos lo entendemos.
Cuando la música termina, él se inclina para agradecerme.
Yo sonrío detrás de la máscara.
Una sonrisa leve, casi invisible… pero suficiente para que él respire más hondo, como si algo dentro de él se hubiera desordenado.
—Ha sido un honor —dice, intentando recuperar su compostura.
No respondo.
Mi silencio es parte del juego.
Doy un paso atrás.
Luego otro.
Y otro más.
No huyo.
No me escondo.
Simplemente, dejo que el salón me envuelva, como si las sombras y las luces me reconocieran como parte de ellas.
Cuando él intenta seguirme, ya no estoy.
No queda perfume.
No queda rastro.
Solo el eco de mi presencia, como una nota suspendida en el aire.
Sobre una mesa —donde él jura que yo no pasé— descansa una pequeña tarjeta.
Un símbolo antiguo, casi arcano, dibujado con precisión.
Y debajo, escrito con una caligrafía impecable.
“Gracias por dejarte sorprender.”
Siente un vuelco en el pecho.
No entiende por qué lo elegí.
Sé que quiere más.
Y también sé que esto no ha terminado.
Regreso a mi realidad con una sonrisa que solo yo conozco.
Aquel hombre queda atrás…
Una noche en aquel castillo nunca se olvida.

© Campirela_

martes, febrero 03, 2026

Alice.

Hace ya un tiempo que todo había dejado de ser una idea de su hermana para ser una realidad y una realidad que no podía ser ignorada por nadie que habitara por estos lares. Menos aún por mí. Un año más sería parte de esta celebración internacional y no quería estar ausente por ningún motivo.

- No es así mi amigo gato?. Ey!, tu bostezo no parece ser una agradable respuesta. Cualquiera pensaría que estoy loco hablando con un gato, pero es que la semana de Alice, ya ha comenzado!.

Preparé mi mejor traje, sin olvidar mi alto sombrero de copa, un Caballero que se precie de tal no puede abandonar su sombrero. O acaso piensan que por usarlo estoy loco?. No se engañen por ello, un buen sombrero no puede faltar en toda persona que quiera disfrutar de un poco de locura. Bueno, sí, algo loco estoy, no lo niego.

Antes de acudir a la fiesta, debía llevar un regalo, fui a mi jardín y corté la flor más bella de color verdoso, como los ojos de Alice. Sí, Alice, que esta semana estaba muy ocupada con tantos participantes en su día. Miré mi reloj de bolsillo, ya era la hora. 

El conejo blanco apareció puntual para guiarme por la madriguera, entonces caí por un laberinto cuyo final era la casa de la festejada.

Cuando llegué a su no cumpleaños la tarta de chocolate, su favorita, esperaba en la mesa, para el té junto a los comensales. Y allí estaba Alice, que al verme abrió sus grandes ojos verdes que embellecían más su rostro de gata. Me quité mi sombrero saludándola y le entregué mi regalo.

- Querida Alice, esta flor del color de tus ojos posee el don de cumplir deseos. Feliz no cumpleaños Alice!, que todos tus deseos se cumplan, siempre.

El Dulce Sombrerero.

Marcelo Ventura

Relato que forma parte de la propuesta "Cayendo por la madriguera del conejo blancode Dafne Sinedie, para la convocatoria semanal "Un jueves, un relato". Y parte de La Semana de Alice del Blog de Dafne.

domingo, febrero 01, 2026

El Baile por Mag VII.

Regresó a Mis Dominios
donde no hay espacio para el olvido
con la prestancia de siempre,
con el sentimiento presente
para un último compás
que sigue vibrando en su latido.

Mi Gratitud, Mi Estimada Magda por volver a ser parte de Mi Baile.
Beso dulce con mi cariño.  

El Último Compás…

Hacía más de un año que no acudía al castillo de Monsieur Dulce. No quería hacerlo a lo grande, más bien del mismo modo en el que me había ido.
No en un silencio sepulcral, pero sí en una ausencia tañida de cierta nostalgia. 

Mis pasos sonaban huecos y mi vestido arrastraba sobre la brillante madera del suelo. El corazón me latía con fuerza y una especie de espiral blandía en mi estómago.

Había pasado el tiempo suficiente para que, tal vez, se hubiera olvidado de mí, pero el momento del baile también podía ser una buena ocasión para algo más que bailar.
No sería pasión, sería redescubrimiento.
Sería latido… sin pulsión.
Un encuentro de miradas y, sí, también, de sensaciones que no necesitan nombre para existir.

Crucé el umbral y el salón me envolvió con su aire cálido y la música que todavía parecía retener el eco de los pasos anteriores. Allí estaba Él, girando suavemente con otra. Ella levantó la vista y me encontró, pero Él no; su atención estaba dirigida a otro lugar, a otro compás que no era el mío.

Por un instante me quedé quieta, dejando que la escena me alcanzara en su totalidad: los movimientos medidos, la risa contenida de la otra, la indiferencia involuntaria de Él; su mirada estaba fija en otro compás, en un instante que no me incluía. No sentí sorpresa ni celos, solo un reconocimiento de lo que había sido y aún era: un espacio que yo conocía, ahora habitado por otra presencia.

Respiré hondo y me permití avanzar un paso, apenas uno, calculando la distancia que me separaba de lo que deseaba tocar sin tocar. Cada giro de ellos parecía dibujar líneas invisibles entre nosotros, tensas y precisas, recordándome que aún podía decidir cómo entrar en aquel baile, aunque todavía no fuera el mío. 
 

La música flotaba espesa, con un grave sostenido, cuerdas bajas, casi un susurro que obligaba a acercarse para escucharlo. Un vals lento, oscuro, de esos que no invitan a girar, sino a deslizarse, como si el aire mismo se moviese al compás.  La máscara ocultaba lo evidente y revelaba lo esencial.

—Pensé que no volverías —dijo, sin mirarme aún, apenas un soplo que se perdió entre los acordes.

No respondí. No hacía falta.
Su mano encontró mi espalda con una delicadeza aprendida, no conquistada.  No buscó, no apretó. Esperó.
Solo entonces me permití acercarme un poco más, lo justo para que el espacio entre ambos dejara de ser seguro; ese espacio mínimo donde el cuerpo recuerda antes que la memoria… La tela, el calor, la respiración ajena marcándome el ritmo. 


Bailamos.
Lento. Medido.
El cuerpo entendiendo antes que la cabeza.

Un roce de dedos al girar, más tiempo de lo necesario. La presión suave de su palma guiando el paso, mi respiración acompasándose a la suya. Nada desbordado. Todo contenido. Una pregunta que no debía formularse en voz alta. Yo no retiré la mano. Tampoco la apreté.

Y en ese vaivén lento comprendí que algunas ausencias no son huida, sino promesa aplazada. Que volver no siempre significa quedarse, pero sí atreverse a sentir de nuevo.
No es olvido, sino reserva.
Que hay deseos que no buscan consumirse, sino permanecer tensos, vivos, exactos. 

Cuando la música murió, el silencio quedó suspendido entre nosotros. El abrazo se deshizo despacio, con una última cercanía que rozó la promesa.
Él dio un paso atrás. Solo uno. El suficiente.
Otras manos lo reclamaron, otras máscaras, otras presencias que no podían esperar.
Antes de girarse, alzó la mirada.
No fue despedida. Fue sostén.
Un hilo tenso entre dos cuerpos que ya no se tocaban.

Nada había cambiado… 
y, aun así, aquella mirada quedó suspendida, latiendo sola, mientras la música volvía a reclamarlo.

Solo un baile: el Baile de máscaras.

© Mag


 Imágenes del texto generadas por gemini @©ɱâğ

jueves, enero 29, 2026

El Baile por Mujer de Negro V.

Regresó desde el silencio
atendiendo al requerimiento
del Caballero oscuro
y siguiendo un camino conocido
llegó a Mis Dominios
para cumplir la cita deseada.


Mi gratitud Mujer de Negro por volver a Mi Baile.
Besos dulces.


El castillo del León


Caminé sin prisa, la noche se había cerrado delante de mí; y ante tanta oscuridad las sombras fueron cayendo con lentitud, solo el sonido de los stilettos y algunos gorjeos de murciélagos que revoloteaban al aire cortaban el silencio de las callejas vacías, continué en línea unos minutos más, el camino seguía igual, estéril, lúgubre, tan desolador que erizaba la piel, empecé a dudar si llegaría a mi destino, con el cielo casi negro, era imposible saber si en algún punto me había equivocado. 

De mi lado izquierdo apareció un hombre, o quizás era una silueta, una sombra, podría ser producto de mi imaginación o desespero. — ¿Me puedes ayudar?, ¿este es el camino hacia el castillo del León?, no emitió sonido, pero sentí su voz como muchas voces, su rostro como mil más y a la vez ninguno, intenté hablar; y su dedo índice silencio mis labios, sin tocarme, sentí su roce, señaló una pequeña desviación al costado izquierdo; y me susurró en silencio, — Te prometo que en su momento, cuando lleguen tus pasos a mis dominios [llegarás, no lo dudes], te estaré esperando; y en un beso casi infinito sentirás cuánto te he extrañado; y se desvaneció como había llegado. 

No intenté buscarlo, no era necesario, su voz, su rostro, su mirada, todo en ese hombre que parecía desprendido de la nada me recordó a un mismo hombre; y de ser así [como ya lo dijo] me estaría esperando. 

Seguí su guía; y cuando alcancé el recodo señalado, un jardín secreto apareció, con flores multicolor formando un íntimo sendero ascendente, que iluminado por la luna se abría cálido ante mí. El trayecto se volvió tranquilo, sin viento, sin oscuridad, el velo del anochecer se había disipado y en su lugar dejó caer las luces tenues proyectadas desde la redondez de la luna. 

Sobre la colina, la amplia puerta principal custodiada por cuatro Leones se abrió con gentileza, del interior del castillo manaba una suave melodía que acariciaba el alma 

El Caballero Oscuro reposaba con suavidad en una de las columnas al pie de la escalera, con los pies cruzados al igual que los brazos, la cabeza inclinada ligeramente hacia su izquierda, su mirada profunda, vibrante protegida por un antifaz que lo volvía seductor, e irresistible, más aún de lo que ya lo era. Se acercó a recibirme, su mano cálida sosteniendo la mía hizo posible que todo alrededor se desvaneciera; y delante solo quedó la puerta, esa puerta que había elegido y al contacto con mis manos se abrió sugerente. 

— Al final te decidiste por el salón ... sabía que lo harías, ¡entremos!, por cierto, mi niña ... ¿recibiste mi mensaje?.

Su mensaje... aquella silueta protectora que, desde la oscuridad me indicó el camino.


Siempre que me sea posible estaré presente en tu baile de fin de año, mi Caballero Oscuro.
Gracias por la invitación.

 © Mujer de Negro

martes, enero 27, 2026

El Baile por Dafne Sinedie VIII.

De blanco, dorado y rojo
llegó a la cita en El Salón
todo ardió en llamas
y la música sonó sin parar
cumpliéndose la tradición
junto al Rey León.


Mi Gratitud Mi Adorada Dafne por acompañarme un año más.
Dulces besos de tarte tatin.


EL BAILE DE FIN DE AÑO 2025-2026


   El final de 2025 llegó, y con él la esperada invitación del famoso Baile de Fin de Año organizado por Dulce.






        El Baile del año pasado finalizó con un regalo muy especial y grandes lecturas en La Biblioteca.
      Estas Navidades había descubierto el arte de Aruk, así que inspirándome en uno de sus diseños escogí el siguiente conjunto: un vestido blanco y dorado, de falda de tubo y mangas anchas, y zapatos rojos de tacón. Me recogí el cabello y me coloqué una pamela ancha. El maquillaje era sencillo: base pálida, sombra de ojos dorada y los labios rojo brillante. La máscara mostraba el mismo trío de colores.
     Me coloqué sobre los hombros una capa roja brillante, introduje los regalos en una maleta cerrada por un candado y bajé a la calle. En el magnífico Ford Mustang viajé a través del bosque, entre mar y montaña, hasta llegar al castillo de piedra.
     El chófer me ayudó a bajar. Los leones de la entrada me dieron la bienvenida y le enseñé la invitación a uno de los porteros.
     —De acuerdo, que pase una buena velada.
   Guardé mi capa en un ropero pero me quedé con la maleta. Seguidamente, me dirigí al Salón de baile.

 

   

©Aruk (pixiv)

     Este año el salón tenía tonos dorados, marrones, rojos y azules. En las mesas encontré manjares y bebidas de todas las partes del mundo. Por supuesto, no podían faltar los dulces.
    Charlé con mis maravillosas amistades bloggeras: Mag, María, Cora, Campirela, Ginebra, Flor... Y al cabo, Dulce nos dio la bienvenida junto con su acompañante de siempre: un enorme león.
   Mientras las invitadas se desplegaban por el castillo, preferí mantenerme en el Salón de baile. Me acomodé frente a una mesa libre y esperé pacientemente.
     Como buen vampiro, Dulce apareció cuando menos lo esperaba, sigiloso.
     Espero que estés pasando una dulce velada se sentó a mi lado.
     Y ahora será más dulce...
     Abrí la maleta y extraje la Tarte Tatin que ya era nuestra tradición compartir.
     ¿Al final leíste Carmilla?
    Entre unas cosas y otras, me fue imposible suspiré. Quedará de nuevo como Propósito de Año Nuevo.
     —Estoy seguro de que la disfrutarás, súcubo literaria.
      Le dediqué un guiño y una sonrisa puntiaguda.
     —Este año también he traído un regalo muy especial procedente de Adastræ. Se trata de un tocadiscos cuyo único LP contiene la banda sonora de cada persona, ideal para cada momento ya sea en solitario o compartido.
      —Pues habrá que escucharlo, ¿no?
     Dulce ordenó que interrumpieran la música del Salón. Hice hueco entre la tarta, los platos y las copas y coloqué sobre la mesa el tocadiscos. La punta rasgueó un momento en los primeros surcos, y empezaron a sonar los reyes de Leon.
     Y con música dimos la bienvenida a 2026.





Mil gracias por la invitación, Dulce.

¡Feliz y próspero año 2026!
 
 
 

sábado, enero 24, 2026

El Baile por Lunaroja VI.

La Habitación Violeta
para la cita eligió
y allí encontró
un corsé que la ató
a la dulce fantasía
de la Dominación.


Mi Gratitud Lunaroja por vivir la fantasía junto a mí.
Besos dulces.



El Corsét
 

Iba a llegar tarde a la Fiesta del Caballero misterioso.

Era la primera vez que la invitaban a un evento así, con lo cual había preparado todo con extremo cuidado y mimo para estar a la altura de las consignas del protocolo de esa fiesta.

Salió apuradísima de la casa, sin maquillar, con una coleta, sus vaqueros de la suerte y una camiseta blanca. Ya habría tiempo de engalanarse allí, ya que se les ofrecía esa posibilidad, para estar más cómodas y tranquilas.

Su coche arrancó velozmente y respiró nerviosa comenzando la aventura.

Cuando llegó a la mansión (porque no podía llamarla de otra manera, era imponente), aparcó su coche, bajó apurada, porque estaban todas las ventanas abiertas e iluminadas, se oía música, y muchas voces y risas. Era tarde ya!

Abrió el maletero para coger sus cosas y tardar lo menos posible y sobre todo, entrar desapercibida para no dejarse ver antes de estar lista y esplendorosa.

Pero sus preciosos ojos se abrieron con espanto al comprobar que el maletero estaba…vacío!

No había maleta, no había nada de nada…solo la vieja toalla de playa y unas bolsas sueltas. Con las prisas había dejado todo al lado de la puerta al salir corriendo de la casa.

Qué horror! Qué iba a hacer ahora? Como explicaría lo sucedido? Mejor irse sin avisar? Quedarse y explicar? No quería perder una posible y futura invitación. Si se iba ahora no podría conocer las famosas fiestas y seguro nunca más sería tenida en cuenta.

No sabía si reírse, llorar, o ponerse a gritar de la desesperación.

En el momento preciso en que decidía volverse a su casa, escuchó una voz detrás suyo preguntándole si tenía algún problema. Se giró en redondo encontrándose frente a frente con el que supuso era el anfitrión. Su smoking lujoso, su impecable figura, su porte y…principalmente porque lucía un negro antifaz de seda y un bastón con puño de plata le dieron todas las pistas.

Muy apurada y ruborizada le explicó lo que le había sucedido y disculpándose le dijo que se iría de inmediato.

El Caballero, la invitó a entrar por una puerta lateral, ofreciéndole la posibilidad de elegir en el cuarto de los trajes femeninos, lo que ella deseara. Quería que no se fuera y que pudiera vivir una de sus célebres fiestas de Fin de Año.

Finalmente decidió quedarse, a veces las oportunidades se dan una vez en la vida, y ella no quería arrepentirse de no haber experimentado esa.

Entraron silenciosamente por detrás de la casa, y Él la invitó a subir a una de las habitaciones del piso superior.

Una vez vestida, debía elegir el sitio donde se producirían los encuentros, tenía tres opciones en el pergamino que iba a encontrar en el escritorio de la habitación de los trajes, y una vez elegido el encuentro, acudir y esperar.

A solas, en la habitación de los vestidos se maravilló con la cantidad de ropa, maquillajes, adornos y perfumes que allí podía encontrar. Comenzó a revisar los percheros, no había nada que le gustara particularmente, ella era informal, sencilla, sin demasiadas vueltas. No le gustaban los adornos y menos esos trajes tan extremados.
Dio vueltas por el cuarto, miró y remiró todo, y de pronto vio entre todas las faldas, enaguas, corpiños y guantes un impresionante corsé de extraordinaria seda china, color dorado envejecido, con bordados en verde hoja, formando maravillosas hojas y flores de cerezo. Inmediatamente lo apartó para ponérselo. Pero tenía que elegir otra pieza para la parte de abajo, siguió buscando sin encontrar nada que le gustara de verdad e hiciera honor a esa maravillosa prenda. Qué iba a ponerse?

De pronto tuvo una idea irracional, pero, no del todo descartable…

Mientras imaginaba como hacerlo, comenzó a maquillarse, adornó sus preciosos ojos verdes con sombras doradas y marrones, remarcó sus pestañas y sus mejillas, se dio toques de brillo rojo sangre en la boca, y mirándose al espejo, se vio tan bonita que soltó su coleta esparciendo su larguísimo pelo negro sobre su espalda como una negra cortina de seda.

Y fue al mirarse cuando decidió como terminaría de vestirse…

Cerró la puerta y acudió a la Habitación Violeta.

Cumplió todas las premisas y esperó inquieta, de pie, con el corsé desabrochado por la espalda, y sujetándolo con las manos sobre sus pechos.

Cuando el Caballero sutilmente tocó la puerta avisando de su llegada, ella sintió el frío que entró al abrirse la puerta. Su piel se erizó, pero, se quedó quieta, dándole la espalda.

El Caballero se acercó lentamente, y susurró con delicadeza con voz profunda y grave:

“Eres muy atrevida eligiendo la ropa, tengo que reconocer que no solo me has sorprendido, sino que te miro y siento el deseo de acariciarte. Deja que te ajuste los cordones del corsé”

Él se acercó casi hasta pegarse contra su espalda, sintió el aliento en el cuello y esperó los primeros tirones para cerrar el corpiño.

Pero no sucedió eso, de pronto sintió que por su espalda se deslizaba algo que ella no podía definir, algo que era suave y frío, pero de tacto agradable… desde su nuca hasta la última vértebra entre sus nalgas, en el sacro, el hueso sagrado, el que guarda las memorias ancestrales, el que despierta la energía cósmica. Y sintió como el poder ancestral femenino se elevaba anclándose en su sexo. Se giró entonces mirándolo a los ojos.

El Caballero tenía una negra fusta de cuero que golosamente recorría con sus dedos. Eso era lo que había sentido antes! Qué sensación maravillosa.

Los negros ojos de Él recorrieron una vez más todo su cuerpo, con una sonrisa entre burlona y oscura, apretó los cordones del corsé sobre su cuerpo, la giró una vez más para ponerla frente al espejo, y colocándose detrás de ella, miró esa imagen tan erótica que reflejaba el cristal.

“Has sido una chica muy desobediente, nadie viene al Baile del Caballero eligiendo un corsé de seda antigua, una de las prendas más impactantes de mi vestuario de fiestas y se deja el vaquero desgastado y los pies descalzos”

Y con esa misma sonrisa, esa misma mirada oscura, hizo chasquear suavemente la fusta contra su otra mano.

 © Lunaroja

jueves, enero 22, 2026

El Baile por Marina VII.

Una sonrisa
que acompaña a la música 
como una espiral que danza
al son de sus vivaces ojos
siempre atentos
a los movimientos en El Salón. 


Gracias Querida Marina por venir a Mi Baile.
Besos dulces con mi cariño. 


¿Qué esconde una escalera de caracol?


Llego al Baile el último día, casi como siempre. Tus Leones no están muy seguros de franquearme el paso, pero deciden no arriesgarse con el Señor del Castillo y me permiten entrar. 

Reposo mi espalda contra la barandilla de la inmensa escalinata y espero, como casi siempre.

Suena una música de baile, como no, mientras El Salón se llena de tules, sedas y brocados. 

Yo sonrío, siempre sonrío cuando suena la música ... 

 © Marina

lunes, enero 19, 2026

El Baile por Auroratris VIII.

Infaltable, puntual
llegó un año más al Baile
para la cita escogida.
De seda y cuero
se dirigió a El Confesionario
y bajo mi atenta mirada
me susurró su confesión.


Mi Gratitud Mi Querida Auro por no faltar a la cita.
Besos muy dulces.


Una Confesión Puntual 


La puntualidad es una virtud que compartimos la invitación de Dulce y yo. Como cada fin de año hay una fiesta que celebrar en su Castillo durante la cual corre el champán, bailes con el anfitrión y hasta juegos tan divertidos como sexys donde el ingenio está servido entre miradas y susurros intencionados. 

El atuendo atrevido siempre es una opción para el momento íntimo. ¿Cuál disfraz tocará está vez? Entre tules, sedas y cuero anda mi elección. Imagino a mi lado al Caballero dando su punto de vista ante cada prenda. Su mirada penetrante y su aceptación ante la resolución del dilema textil.

No puedo llegar tarde cuando el conjunto está solucionado, el maquillaje acabado y el peinado... ¡Ja, despeinado! Un taxi en la puerta me avisa con un toque de claxon de que es la hora. El taxista se apresura para abrir mi puerta antes de que llegue hasta él. Sus ojos y su boca tienen el mismo diámetro de sorpresa que espero provocar en Dulce. Un cuerpo de cuero negro y una falda de gasas moradas se deslizan dentro del coche.  Solo doy la dirección y la noche se abre llena de emociones. 

Ahí está este Castillo encantado. Me esperan aventuras que permanecerán de manera sempiterna entre sus arcanas paredes. La expectación está servida mientras desciendo la impresionante escalinata que me dirige hasta la caballerosa mano del anfitrión.

Sus ojos brillan tras la máscara seductora, los míos lucen tras el brillo de las lentejuelas. Creo haber acertado en la elección, no por ello el resto de las damiselas están exentas de belleza. Esta noche todo es divino, risa y encanto. 

Si difícil fue elegir el disfraz más complicado será elegir la habitación en la cual un juego late dispuesto a ser disfrutado por ambas partes. 

Observo a mi alrededor el bullicio que crece, las risitas alejándose por los largos pasillos hasta que un susurro se cuela en mi oreja y deja una pregunta coqueta:

- ¿Ya ha elegido la Señorita? ¿Acaso, necesita ayuda? 

En ese instante lo veo claro. Necesito una confesión. Y así mismo se lo hago saber. No hace falta descubrir su rostro para adivinar la emoción que bulle bajo el antifaz.

La señal es al finalizar nuestro baile. El pasillo se abre lujosamente hasta plantarme frente a la puerta que reza como «Confesionario». Una vez dentro puedo respirar su perfume que me guía hasta un sillón confortable donde el Dulce Caballero espera para mi confesión. 

El silencio envolvente se rompe con su voz, mis rodillas tocan el suelo y una mano protectora se posa sobre mi cabeza, la cual se hace nido sobre sus piernas.

- «Confieso haber imaginado una intimidad desbordada con Usted dándole protagonismo a mis manos, aves buscando el calor de su piel entre los ropajes, mis yemas como auténticas llamas 
incendiarias dejan un reguero erizado allí donde se posan. 

Confieso querer ser invidente para leer el lenguaje que revela cada parte de su cuerpo. Sentir y Sentirle haciendo poesía inscrita en el aíre con cada uno de sus suspiros. 

Confieso el deseo de su indefensión bajo mi trémula carne y ser liberada de este pecado que arde dentro de mí.

Ruego me conceda la absolución, Dulce Caballero»

Salgo algo aturdida de este encuentro con la sensación de caminar flotando. Tomo una última copa antes de abandonar el Castillo, en el último sorbo siento su respiración en mi espalda y una nueva invitación:

- La espero el Año Próximo, Señorita.

Mi sonrojo hace una carrera hasta el taxi que ya espera al igual que el amanecer. 

Lanzo un beso que Él captura en el aire y «DulceMente» lo lleva a sus labios.


© Auroratris 

sábado, enero 17, 2026

El Baile por Cora VI.

Cruzó la puerta del Castillo
con el corazón palpitante
como aquellas campanadas
que fueron testigos
de un beso de almas
sellando nuestra cita en El Salón.


Mi Gratitud por acompañarme un año más en Mi Baile.
Besos siempre dulces Mi Corita.

EL DULCE SUSURRO

Me muestro tras el manto del invierno,
dispuesta a todo lo que me haga sentir,
de gala se visten mis ansias
y presa ante la inquietud
de su intimidante mirada.
Entre sombras
se deslumbra un te quiero de sus labios… 
un quédate esta noche conmigo,
en un baile desesperado 
al capricho de su orden…
y allí cuando las campanas titilan
las doce…
un temblor anuncia las mariposas
del beso cosido a esta boca 
que lleva su nombre…
Culmen indeleble
más allá de las almas,
tras el dulce susurro de las palabras.

© Cora

lunes, enero 12, 2026

Gracias ...

La música comienza a diluirse entre el silencio nocturno, las luces de las estancias del Castillo se apagan, solo queda iluminado bajo la Luna Violeta y un año más lo acontecido en el Baile anual de máscaras pasa a ser parte de la historia. Las invitadas acudieron con la ilusión de siempre y el Dulce anfitrión estuvo encantado de tenerlas nuevamente en El Salón, así también agradecido de quienes aceptaron una cita junto al Dulce Caballero durante los días de baile. Gracias: Siby, Campirela, Lunaroja, JP.Alexander, Sylvia, Cora, Auroratris, Marina, Hanna, Milena, Beatriz Lopes, Dakota Zen, Mujer de Negro, Mag, Nuria de Espinosa, Dafne Sinedie, Beatriz Martín, Tracy y Cléia por responder a la invitación.


Un beso entre dulces susurros se vivió en El Salón, una confesión puntual se hizo en El Confesionario, una sonrisa conocida afloró al son de la música, un corsé se desató entre pasiones, un tocadiscos especial puso ambiente a una tradición cómplice, un reencuentro se produjo en El Salón, mientras un último compás trajo una esperada presencia. La seducción tomó cuerpo de mujer en El Salón, una cita a ciegas desnudó el hambre sobre la piel, un baile romántico selló la Noche Vieja, una Gran Bayadera bailó para mí y un Cisne se descubrió, un sentimiento de sumisión se entregó al Dulce susurro, un conteo milimétrico acorto las distancias, una confesión finalmente llegó a tiempo y un encuentro íntimo tras el Baile cerró el festejo. 

Y lo demás, siempre es un secreto que guarda El Castillo. Alguien se queda dentro? Alguien aún se aventura por los pasillos y habitaciones? Seguro que sí. Las puertas se cierran y los ecos permanecen. M gratitud por haber venido un año más.


GRACIAS CORA

GRACIAS AURORATRIS

GRACIAS MARINA

GRACIAS LUNAROJA

GRACIAS DAFNE

GRACIAS MUJER DE NEGRO

GRACIAS MAG


GRACIAS CAMPIRELA

GRACIAS NURIA

GRACIAS JP.ALEXANDER

GRACIAS MILENA

GRACIAS TRACY

GRACIAS CLÉIA

GRACIAS MAIA

GRACIAS SYLVIA

GRACIAS GINEBRA