La Habitación Violeta
para la cita eligió
y allí encontró
un corsé que la ató
a la dulce fantasía
de la Dominación.
Mi Gratitud Lunaroja por vivir la fantasía junto a mí.
Besos dulces.
El Corsé
Iba a llegar tarde a la Fiesta del Caballero misterioso.
Era la primera vez que la invitaban a un evento así, con lo cual había preparado todo con extremo cuidado y mimo para estar a la altura de las consignas del protocolo de esa fiesta.
Salió apuradísima de la casa, sin maquillar, con una coleta, sus vaqueros de la suerte y una camiseta blanca. Ya habría tiempo de engalanarse allí, ya que se les ofrecía esa posibilidad, para estar más cómodas y tranquilas.
Su coche arrancó velozmente y respiró nerviosa comenzando la aventura.
Cuando llegó a la mansión (porque no podía llamarla de otra manera, era imponente), aparcó su coche, bajó apurada, porque estaban todas las ventanas abiertas e iluminadas, se oía música, y muchas voces y risas. Era tarde ya!
Abrió el maletero para coger sus cosas y tardar lo menos posible y sobre todo, entrar desapercibida para no dejarse ver antes de estar lista y esplendorosa.
Pero sus preciosos ojos se abrieron con espanto al comprobar que el maletero estaba…vacío!
No había maleta, no había nada de nada…solo la vieja toalla de playa y unas bolsas sueltas. Con las prisas había dejado todo al lado de la puerta al salir corriendo de la casa.
Qué horror! Qué iba a hacer ahora? Como explicaría lo sucedido? Mejor irse sin avisar? Quedarse y explicar? No quería perder una posible y futura invitación. Si se iba ahora no podría conocer las famosas fiestas y seguro nunca más sería tenida en cuenta.
No sabía si reírse, llorar, o ponerse a gritar de la desesperación.
En el momento preciso en que decidía volverse a su casa, escuchó una voz detrás suyo preguntándole si tenía algún problema. Se giró en redondo encontrándose frente a frente con el que supuso era el anfitrión. Su smoking lujoso, su impecable figura, su porte y…principalmente porque lucía un negro antifaz de seda y un bastón con puño de plata le dieron todas las pistas.
Muy apurada y ruborizada le explicó lo que le había sucedido y disculpándose le dijo que se iría de inmediato.
El Caballero, la invitó a entrar por una puerta lateral, ofreciéndole la posibilidad de elegir en el cuarto de los trajes femeninos, lo que ella deseara. Quería que no se fuera y que pudiera vivir una de sus célebres fiestas de Fin de Año.
Finalmente decidió quedarse, a veces las oportunidades se dan una vez en la vida, y ella no quería arrepentirse de no haber experimentado esa.
Entraron silenciosamente por detrás de la casa, y Él la invitó a subir a una de las habitaciones del piso superior.
Una vez vestida, debía elegir el sitio donde se producirían los encuentros, tenía tres opciones en el pergamino que iba a encontrar en el escritorio de la habitación de los trajes, y una vez elegido el encuentro, acudir y esperar.
A solas, en la habitación de los vestidos se maravilló con la cantidad de ropa, maquillajes, adornos y perfumes que allí podía encontrar. Comenzó a revisar los percheros, no había nada que le gustara particularmente, ella era informal, sencilla, sin demasiadas vueltas. No le gustaban los adornos y menos esos trajes tan extremados.
Dio vueltas por el cuarto, miró y remiró todo, y de pronto vio entre todas las faldas, enaguas, corpiños y guantes un impresionante corsé de extraordinaria seda china, color dorado envejecido, con bordados en verde hoja, formando maravillosas hojas y flores de cerezo. Inmediatamente lo apartó para ponérselo. Pero tenía que elegir otra pieza para la parte de abajo, siguió buscando sin encontrar nada que le gustara de verdad e hiciera honor a esa maravillosa prenda. Qué iba a ponerse?
De pronto tuvo una idea irracional, pero, no del todo descartable…
Mientras imaginaba como hacerlo, comenzó a maquillarse, adornó sus preciosos ojos verdes con sombras doradas y marrones, remarcó sus pestañas y sus mejillas, se dio toques de brillo rojo sangre en la boca, y mirándose al espejo, se vio tan bonita que soltó su coleta esparciendo su larguísimo pelo negro sobre su espalda como una negra cortina de seda.
Y fue al mirarse cuando decidió como terminaría de vestirse…
Cerró la puerta y acudió a la Habitación Violeta.
Cumplió todas las premisas y esperó inquieta, de pie, con el corsé desabrochado por la espalda, y sujetándolo con las manos sobre sus pechos.
Cuando el Caballero sutilmente tocó la puerta avisando de su llegada, ella sintió el frío que entró al abrirse la puerta. Su piel se erizó, pero, se quedó quieta, dándole la espalda.
El Caballero se acercó lentamente, y susurró con delicadeza con voz profunda y grave:
“Eres muy atrevida eligiendo la ropa, tengo que reconocer que no solo me has sorprendido, sino que te miro y siento el deseo de acariciarte. Deja que te ajuste los cordones del corsé”
Él se acercó casi hasta pegarse contra su espalda, sintió el aliento en el cuello y esperó los primeros tirones para cerrar el corpiño.
Pero no sucedió eso, de pronto sintió que por su espalda se deslizaba algo que ella no podía definir, algo que era suave y frío, pero de tacto agradable… desde su nuca hasta la última vértebra entre sus nalgas, en el sacro, el hueso sagrado, el que guarda las memorias ancestrales, el que despierta la energía cósmica. Y sintió como el poder ancestral femenino se elevaba anclándose en su sexo. Se giró entonces mirándolo a los ojos.
El Caballero tenía una negra fusta de cuero que golosamente recorría con sus dedos. Eso era lo que había sentido antes! Qué sensación maravillosa.
Los negros ojos de Él recorrieron una vez más todo su cuerpo, con una sonrisa entre burlona y oscura, apretó los cordones del corsé sobre su cuerpo, la giró una vez más para ponerla frente al espejo, y colocándose detrás de ella, miró esa imagen tan erótica que reflejaba el cristal.
“Has sido una chica muy desobediente, nadie viene al Baile del Caballero eligiendo un corsé de seda antigua, una de las prendas más impactantes de mi vestuario de fiestas y se deja el vaquero desgastado y los pies descalzos”
Y con esa misma sonrisa, esa misma mirada oscura, hizo chasquear suavemente la fusta contra su otra mano.
© Lunaroja

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Tengo que decir, que desde el comienzo vi que el baile de Luna , nos tenía una sorpresa.
ResponderEliminarTodo el proceso ha sido una aventura trepidante, pero el final es de traca..
Eso sí la seducción y sensualidad ha estado presente en todo momento.
Me ha gustado mucho, ese toque de humor al final es un punto en alza.
Besos para los dos.
Uauuuu, me ha encantado el relato de Lunaroja!!!
ResponderEliminarUn relato de esos que fluyen, que se lee bien seguido, que además te abre la imaginación, tan visual, con elementos que atrapan...
Doy fe, Lunita estaba guapísima con ese precioso corsé, los jeans y su precioso melenón... Y bien que le gustó al Anfitrión!
Besos mil !!!!