Con el deseo de complacer
preparó la cita para el después,
una reunión cómplice
de miradas, sonrisas, intenciones
y secretos compartidos
piel a piel.
Mi Gratitud Maia por estar en Mi Baile y en el después.
Besos dulces con cariño.
EL DÍA DESPUÉS DEL BAILE.
Cayó la tarde, lo hizo suave, sin apenas darme cuenta, las horas con Él pasan sin notarlo. Preparé arroz blanco y pollo al horno, -sé que le gusta-; y al sacarlo del horno lo observé, solo que no vi un refractario con comida, allí había dedicación, cuidado, tiempo escuchando sus preferencias, quizás hasta un agradable recuerdo que enlazaba con ese platillo, también estaba el deseo de complacer, de hacerlo sentir especial. Lo dejé asentarse un poco sobre la barra y fui a buscarlo.
Me acerqué al jardín, desde la puerta pude observarlo, su cuerpo lánguido echado sobre la mecedora; y Gurrumino descansando tranquilo sobre su pecho. Es atractivo, es carismático, tiene una forma de mirar que me enreda y me hace notar lo especial que soy para Él, algo tiene que me hace ir con cuidado; y mientras más insiste, más se activa esa pulsión que me dice -no caigas, es peligroso-.
A punto de llamarlo a comer vibró su móvil, lo traía en la mano, como esperando algo, lo atendió de inmediato. Se levantó lento, tan suave que al hacerlo, fue desenredando capas de sí, se acercó a mí, no pude evitar recorrerlo con la mirada, es un hombre pausado pero salta como felino cuando siente que estoy bajando la guardia — Maia, cariño... y entonces lo vi, tenía esa expresión y mirada que ya me conocía de antaño, sabía que venía una mentira reforzada con una expresión de falsa resignación y molestia, me llamó... -no lo dejé terminar- coloqué mi dedo índice en sus labios y lo hice callar, descifrarlo es sencillo, — dime algo , ¿por qué mentir cuando puedes hacerme partícipe de tus secretos?, de conocerme bien, quizás te sorprenderías, Él sonrió aceptando el reto.
No se fue, las chicas llegaron minutos después, Saraí trajo una pasta vegana deliciosa, la reunión se sucedió alargándose hasta entrada la madrugada. En algún momento de la noche se cruzaron nuestras miradas, Él me veía con dedicación; yo a Él con admiración, — Que no te asuste, -me dijo bajito- es tan detallado, a veces me descoloca, siento que me lee; y lo que ve no le asusta, a mí sí, un poquito.
Para, DUICE.
© Maia.

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“La belleza complace a los ojos; la dulzura encadena el alma” (Voltaire)