lunes, febrero 23, 2026

El Baile por Ginebra VII.

Venció a lo adverso
para silenciar a la espera
acudiendo al llamado
del Dulce Caballero
ante quien confesó
su devoción con esmero.


Mi Gratitud Querida Ginebra por regalarme esta cita.
Dulces besos cariñosos.

Confieso

 


Y he de confesar(te)
que la piel no pudo 
olvidarte;
fiel deseo
que fluctúas
en tan vívido aquelarre
de este fuego
de la carne
que no sabe; no quiere
someterse
al olvido
de ese abismo
donde morir
y respirarte.

Latiente y pedigüeño
—me falta el aire—;
son tus manos
macerando mi cabello,
y mis rodillas…,
en el suelo.

Yo me confieso
como néctar que fluctúa
y se derrama
entre mis labios.

—Y tú
tan firme y dueño;
tan preso 
y tan dentro
de mí—.

 Ginebra©®
 
Cita en El Confesionario – Invitación de Dulce para El Baile de Fin de Año 2025-26






sábado, febrero 21, 2026

El Baile por Sylvia.

Un conteo hacia atrás
con un baile por comenzar,
con el mar que viene y va,
con un vals pleno de sensualidad
con las dulces caricias
 que provocaron su vibrar.


Muchas gracias, Sylvia por animarte a entrar en Mi Baile.
Besos dulces.

EL BAILE DE DULCE: TRES, DOS, UNO...



Dulce nos invita a un baile para iniciar el año y allí que vamos. Más danzantes de las palabras en El Dulce susurro


Ella no curiosea el baile. Ella contempla el mar. 

No se decide a entrar entre el gentío, las copas y las risas. Percatándose de su indecisión el dulce caballero de la mansión se acerca lentamente y situándose tras ella acerca el rostro a su cuello. 
Ella imagina y cuenta la distancia entre el rostro del anfitrión y su piel... Tres milímetros, dos, uno... No lo sabe y tampoco se mueve para comprobarlo, sólo juega con la fantasía.

Él toma los dorsos de sus manos y enlazando sus dedos, las lleva sigilosamente a sus caderas, las desliza, descienden y ascienden queriendo iniciar un baile mientras  llegan a una meta imaginaria en su pecho, que no alcanza. 
Ella imagina y cuenta la distancia de nuevo... tres milímetros, dos, uno...

Detiene el primer contador cuando los labios rozan el primer tirante y lo acompañan hasta el abismo del hombro donde se desmorona en caida libre. El segundo contador se detiene súbitamente tras sentir el mapeo que los labios realizan desde el hombro hacia la nuca y notar la sigilosa aproximación al segundo tirante... tres milímetros, dos, uno...

Ella no curiosea el baile. Ella ya no contempla el mar...

© Sylvia.

jueves, febrero 19, 2026

El Baile por Maia II.

Con el deseo de complacer
preparó la cita para el después,
una reunión cómplice
de miradas, sonrisas, intenciones
y secretos compartidos
piel a piel.


Mi Gratitud Maia por estar en Mi Baile y en el después.
Besos dulces con cariño. 

EL DÍA DESPUÉS DEL BAILE.

Cayó la tarde, lo hizo suave, sin apenas darme cuenta, las horas con Él pasan sin notarlo. Preparé arroz blanco y pollo al horno, -sé que le gusta-; y al sacarlo del horno lo observé, solo que no vi un refractario con comida, allí había dedicación, cuidado, tiempo escuchando sus preferencias, quizás hasta un agradable recuerdo que enlazaba con ese platillo, también estaba el deseo de complacer, de hacerlo sentir especial. Lo dejé asentarse un poco sobre la barra y fui a buscarlo.

Me acerqué al jardín, desde la puerta pude observarlo, su cuerpo lánguido echado sobre la mecedora; y Gurrumino descansando tranquilo sobre su pecho. Es atractivo, es carismático, tiene una forma de mirar que me enreda y me hace notar lo especial que soy para Él, algo tiene que me hace ir con cuidado; y mientras más insiste, más se activa esa pulsión que me dice -no caigas, es peligroso-.

A punto de llamarlo a comer vibró su móvil, lo traía en la mano, como esperando algo, lo atendió de inmediato. Se levantó lento, tan suave que al hacerlo, fue desenredando capas de sí, se acercó a mí, no pude evitar recorrerlo con la mirada, es un hombre pausado pero salta como felino cuando siente que estoy bajando la guardia — Maia, cariño... y entonces lo vi, tenía esa expresión y mirada que ya me conocía de antaño, sabía que venía una mentira reforzada con una expresión de falsa resignación y molestia, me llamó... -no lo dejé terminar- coloqué mi dedo índice en sus labios y lo hice callar, descifrarlo es sencillo, — dime algo , ¿por qué mentir cuando puedes hacerme partícipe de tus secretos?, de conocerme bien, quizás te sorprenderías, Él sonrió aceptando el reto.

No se fue, las chicas llegaron minutos después, Saraí trajo una pasta vegana deliciosa, la reunión se sucedió alargándose hasta entrada la madrugada. En algún momento de la noche se cruzaron nuestras miradas, Él me veía con dedicación; yo a Él con admiración, — Que no te asuste, -me dijo bajito- es tan detallado, a veces me descoloca, siento que me lee; y lo que ve no le asusta, a mí sí, un poquito.

Para, DUICE.

© Maia.