miércoles, febrero 25, 2026

La Invitada Sorpresa.

La invitación había sido cursada en nuestro último encuentro, nos conocíamos desde hace ya un tiempo, recuerdo bien la noche en que la vi en Skeleton Moon, lugar al que llegué siguiendo la música que provenía desde el interior, la melodía de "The killing moon", el tema de los Bunnymen, pero aquella no era la voz de McCulloch, sino que, cantaba una chica. La curiosidad me llevó a entrar.

Ya en el interior, disfrutando de esos oscuros sonidos fue cuando la divisé. Una chica vestida de negro, una chica gótica que bailaba como si no tocara el suelo con los ojos cerrados, pero cuando los abrió, sus ojos azules brillaron entre los claroscuros del club.

Estaba con esos recuerdos en mi mente cuando la veo entrar al Salón con una camisa negra de manga larga y un vestido con vuelo de color rojo que se ajustaba a su cintura con un corsé de cordones negros entrelazados, medias negras con liguero y unos zapatos negros de tacón alto con encajes. Al cuello un collar con perlas negras colgantes y un sombrero igualmente negro. Su máscara dorada llevaba una rosa negra al costado y sus labios intensamente rojos eran la perfecta provocación sobre su tez pálida. Ya no era aquella chica universitaria que había conocido por entonces, pero conservaba todo su encanto y más. 

 Gracias por venir Angy. La saludé al tiempo que besé su mano derecha, ella me sonrío con coquetería regalándome una tarjeta de reconocimiento por acudir a su cumpleaños el año anterior.— Mi gratitud por esta bella tarjeta, Mi zorrita. Angy se ruborizó ante mi atrevimiento y la invité a bailar.  Bailamos?. La orquesta interpretó aquella canción con la cual nos conocimos.


Era agradable bailar con Angy nuevamente, parecíamos flotar en cada paso y pronto hacíamos coreografías, la cogía de la mano y ella giraba sobre su eje, fue hacer ese movimiento y la música pareció ser nuestra cómplice concluyendo al mismo instante en que ella dejaba de girar y se dejaba caer entre mis brazos. 

Angy abrió sus ojos azules como si el mismo cielo se abriera ante mí y suavemente se acercó a mi oído diciéndome: — Dulce Caballero, he traído también el regalo que me hizo para mi cumpleaños. Entonces esta vez fui yo quien sonrío y mis pupilas se dilataron. — Qué lugar elegiste para la cita, Angy?. — Me he tomado la libertad de elegir una habitación que no estaba entre las opciones. Me dijo con su voz en tono mimoso y aniñada. — He elegido la Doll Room, si a usted no le molesta. Me permite un momento, Caballero?. Asentí complacido ante su petición y Angy subió por las escaleras dedicándome una mirada pícara al voltear mientras se perdía en la segunda planta. 


Las invitadas seguían disfrutando del Baile y las citas ya terminaban, pero dónde fue Angy?. Luego de unos minutos sin verla por ningún lado, subí a las habitaciones y me dirigí a la escogida por ella. Cuando abrí la puerta de la Doll Room  Angy estaba sobre la cama rosa y llevaba aquel regalo tan especial que le hice en su cumpleaños. Se había despojado de su atuendo, solo había dejado el collar y ahora llevaba unas orejas en lugar del sombrero y me dijo. — Su zorrita lo estaba esperando Dulce Caballero.

© DUlCE


GRACIAS ANGY.
(Angy es un personaje creado por Dafne Sinedie para su historia "Amor x Dolor")

lunes, febrero 23, 2026

El Baile por Ginebra VII.

Venció a lo adverso
para silenciar a la espera
acudiendo al llamado
del Dulce Caballero
ante quien confesó
su devoción con esmero.


Mi Gratitud Querida Ginebra por regalarme esta cita.
Dulces besos cariñosos.

Confieso

 


Y he de confesar(te)
que la piel no pudo 
olvidarte;
fiel deseo
que fluctúas
en tan vívido aquelarre
de este fuego
de la carne
que no sabe; no quiere
someterse
al olvido
de ese abismo
donde morir
y respirarte.

Latiente y pedigüeño
—me falta el aire—;
son tus manos
macerando mi cabello,
y mis rodillas…,
en el suelo.

Yo me confieso
como néctar que fluctúa
y se derrama
entre mis labios.

—Y tú
tan firme y dueño;
tan preso 
y tan dentro
de mí—.

 Ginebra©®
 
Cita en El Confesionario – Invitación de Dulce para El Baile de Fin de Año 2025-26






sábado, febrero 21, 2026

El Baile por Sylvia.

Un conteo hacia atrás
con un baile por comenzar,
con el mar que viene y va,
con un vals pleno de sensualidad
con las dulces caricias
 que provocaron su vibrar.


Muchas gracias, Sylvia por animarte a entrar en Mi Baile.
Besos dulces.

EL BAILE DE DULCE: TRES, DOS, UNO...



Dulce nos invita a un baile para iniciar el año y allí que vamos. Más danzantes de las palabras en El Dulce susurro


Ella no curiosea el baile. Ella contempla el mar. 

No se decide a entrar entre el gentío, las copas y las risas. Percatándose de su indecisión el dulce caballero de la mansión se acerca lentamente y situándose tras ella acerca el rostro a su cuello. 
Ella imagina y cuenta la distancia entre el rostro del anfitrión y su piel... Tres milímetros, dos, uno... No lo sabe y tampoco se mueve para comprobarlo, sólo juega con la fantasía.

Él toma los dorsos de sus manos y enlazando sus dedos, las lleva sigilosamente a sus caderas, las desliza, descienden y ascienden queriendo iniciar un baile mientras  llegan a una meta imaginaria en su pecho, que no alcanza. 
Ella imagina y cuenta la distancia de nuevo... tres milímetros, dos, uno...

Detiene el primer contador cuando los labios rozan el primer tirante y lo acompañan hasta el abismo del hombro donde se desmorona en caida libre. El segundo contador se detiene súbitamente tras sentir el mapeo que los labios realizan desde el hombro hacia la nuca y notar la sigilosa aproximación al segundo tirante... tres milímetros, dos, uno...

Ella no curiosea el baile. Ella ya no contempla el mar...

© Sylvia.

jueves, febrero 19, 2026

El Baile por Maia II.

Con el deseo de complacer
preparó la cita para el después,
una reunión cómplice
de miradas, sonrisas, intenciones
y secretos compartidos
piel a piel.


Mi Gratitud Maia por estar en Mi Baile y en el después.
Besos dulces con cariño. 

EL DÍA DESPUÉS DEL BAILE.

Cayó la tarde, lo hizo suave, sin apenas darme cuenta, las horas con Él pasan sin notarlo. Preparé arroz blanco y pollo al horno, -sé que le gusta-; y al sacarlo del horno lo observé, solo que no vi un refractario con comida, allí había dedicación, cuidado, tiempo escuchando sus preferencias, quizás hasta un agradable recuerdo que enlazaba con ese platillo, también estaba el deseo de complacer, de hacerlo sentir especial. Lo dejé asentarse un poco sobre la barra y fui a buscarlo.

Me acerqué al jardín, desde la puerta pude observarlo, su cuerpo lánguido echado sobre la mecedora; y Gurrumino descansando tranquilo sobre su pecho. Es atractivo, es carismático, tiene una forma de mirar que me enreda y me hace notar lo especial que soy para Él, algo tiene que me hace ir con cuidado; y mientras más insiste, más se activa esa pulsión que me dice -no caigas, es peligroso-.

A punto de llamarlo a comer vibró su móvil, lo traía en la mano, como esperando algo, lo atendió de inmediato. Se levantó lento, tan suave que al hacerlo, fue desenredando capas de sí, se acercó a mí, no pude evitar recorrerlo con la mirada, es un hombre pausado pero salta como felino cuando siente que estoy bajando la guardia — Maia, cariño... y entonces lo vi, tenía esa expresión y mirada que ya me conocía de antaño, sabía que venía una mentira reforzada con una expresión de falsa resignación y molestia, me llamó... -no lo dejé terminar- coloqué mi dedo índice en sus labios y lo hice callar, descifrarlo es sencillo, — dime algo , ¿por qué mentir cuando puedes hacerme partícipe de tus secretos?, de conocerme bien, quizás te sorprenderías, Él sonrió aceptando el reto.

No se fue, las chicas llegaron minutos después, Saraí trajo una pasta vegana deliciosa, la reunión se sucedió alargándose hasta entrada la madrugada. En algún momento de la noche se cruzaron nuestras miradas, Él me veía con dedicación; yo a Él con admiración, — Que no te asuste, -me dijo bajito- es tan detallado, a veces me descoloca, siento que me lee; y lo que ve no le asusta, a mí sí, un poquito.

Para, DUICE.

© Maia.

martes, febrero 17, 2026

El Baile por Cléia II.

Con seguridad eligió
el íntimo encuentro
en la Habitación Violeta
donde fue presa sin oposición
del dulce susurro
de la sumisión.
Obrigado Cleía.
Beijos doces.


EL DULCE SUSURRO DE LA SUMISIÓN - Acto 1

La invitación llegó en papel grueso, perfumada de misterio. Sin firma. Solo la fecha, el lugar —un antiguo palacio a orillas de un lago negro como el terciopelo— y una sola instrucción escrita con firme caligrafía:

Ven con máscara. Confía en mí.

Ella supo que era de Él. Siempre lo supo.

Desde el momento en que aprendió a reconocer, en su propio cuerpo, ese suave escalofrío que pedía no defensa, sino rendición.

En la noche señalada, el palacio ardía con luces ámbar. Las lámparas de araña multiplicaban las sombras en las paredes doradas, y la música —lenta, casi indecente— serpenteaba entre columnas de mármol. Hombres y mujeres ocultaban sus rostros bajo máscaras ricamente adornadas, como si allí todos pudieran ser quienes realmente eran, libres del peso de sus nombres.

Entró vestida de seda oscura, con un escote discreto pero peligroso. La máscara le cubría los ojos, y esto la hacía aún más vulnerable... y más deseable.

Lo sintió antes de verlo.

Su presencia no necesitaba rostro. Era una orden silenciosa. Cuando su mano rozó la curva desnuda de su espalda, tembló, no de sorpresa, sino de reconocimiento.

"Por fin", murmuró cerca de su oído. Su voz era baja, segura, irresistible.

No le preguntó si quería bailar. Simplemente la guió.

Y ella lo hizo.

En el centro del salón, giraban lentamente, como si el mundo se hubiera ralentizado solo para ellos. Cada paso que Él guiaba era un recordatorio: allí, esa noche, no necesitaba decidir. Solo necesitaba sentir. Solo necesitaba obedecer la corriente invisible que la atraía hacia su interior.

La sumisión no era humillación para ella.

Era descanso.

Cuando deslizó los dedos por su muñeca, apretándola suavemente, el gesto fue suficiente para que ella comprendiera: no era posesión, era un pacto. Un acuerdo silencioso entre el deseo y la confianza. "Esta noche, eres mía", dijo, no como una amenaza, sino como una promesa.

Ella bajó la cabeza. Un gesto mínimo. Definitivo.

La habitación parecía respirar con ellos. Miradas curiosas, envidiosas, hambrientas. Pero nada los conmovía. La lujuria allí no era vulgar; era densa, casi sagrada. Un exceso elegante, un pecado revestido de oro.

La condujo a una habitación más pequeña y apartada, donde unas cortinas pesadas filtraban la luz y el silencio era denso. Le quitó la máscara con ceremoniosa delicadeza, como quien revela un antiguo secreto.

"¿Confías en mí?", preguntó.

Ella no respondió con palabras. Solo cerró los ojos.

Y fue en ese simple gesto que se entregó por completo, no a su cuerpo, sino al dominio que Él ejercía con calma, respeto y deseo contenido. Un dominio que no exigía solo llamaba.

Afuera, el baile continuaba.

Pero para ella, el mundo ya se había rendido. Y en esa dulce entrega, no encontró la pérdida de sí misma, sino la forma más intensa de libertad y lujuria.



EL DULCE SUSURRO DE LA SUMISIÓN — Acto 2

No la tocó de inmediato.

Y eso fue precisamente lo que la encendió.

La distancia entre ellos se convirtió en un espacio cargado de electricidad. La observó como quien contempla algo que ya le pertenece, pero decide saborearlo lentamente. Cada segundo prolongado era una orden silenciosa, y ella sintió que su cuerpo respondía incluso antes que su mente.

"Quítate los guantes", dijo en voz baja, casi demasiado íntimo para ser una orden... y, sin embargo, imposible de ignorar.

Ella obedeció.

El sonido de la seda deslizándose entre sus dedos parecía demasiado fuerte en ese espacio cerrado. Cuando sus manos quedaron desnudas, también se sintió despojada de defensas invisibles.

Se acercó lo suficiente para que ella sintiera la calidez de su cuerpo, sin la comodidad del contacto. Se inclinó y su aliento rozó su cuello, lento, consciente.

"La sumisión", murmuró, "comienza cuando aceptas ser vista en tu totalidad".

Ella tembló. No por miedo.

Sino por verdad.

Le levantó la barbilla con un dedo, obligándola a sostenerle la mirada. No había prisa, ni brutalidad. Solo un control sereno, de esos que no necesitan demostrar fuerza.

"Aquí", continuó, "no perteneces al salón de baile, ni a las máscaras, ni a las miradas curiosas. Perteneces a la sensación de permitirte".

Sintió el dulce peso de esas palabras asentarse en su interior. No como una imposición, sino como el reconocimiento de algo que siempre había estado ahí, esperando permiso para florecer.

Cuando finalmente la tocó, fue mínimo: una mano firme en su cintura, acercándola. El gesto no buscaba el cuerpo, buscaba la rendición. Y llegó, natural, inevitable.

Apoyó la frente contra su pecho, en silencio.

Ese pequeño gesto era su invisible arrodillamiento.

A lo lejos, la música comenzó de nuevo, más lenta, más grave. El baile continuó. La lujuria latía en los pasillos, en miradas ocultas, en cuerpos rozándose bajo máscaras doradas.

Pero allí, en ese espacio cerrado, la verdadera seducción no estaba en el exceso, sino en el control.
En el placer contenido.
En la decisión consciente de rendirse.

Se inclinó de nuevo, ahora cerca de su oído:

"Esta noche, aprenderás que la sumisión no es debilidad..."

"...es confianza elevada al deseo."

Cerró los ojos.

Y sonrió.

Porque, por fin, comprendió:

No la estaban tomando.

La estaba abrazando el mismo abismo que siempre había querido explorar.

La envolvió en un abrazo lento y profundo, donde el mundo pareció suspendido. No fue necesario ningún otro gesto. El baile, las máscaras, el lujo: todo se disolvió en ese instante de entrega consciente.

Afuera, la música cesó por un breve instante.

Como si el palacio mismo lo supiera:

Allí, la verdadera lujuria no gritaba, sino que susurraba.


© Cléia Fialho 

domingo, febrero 15, 2026

El Baile por Tracy IV.

Dispuesta a bailar
dejó todo contratiempo
eligiendo la cita en El Salón
y al final de la fiesta
como un blanco cisne lució
en todo su esplendor.


Mi gratitud Tracy por aportar tu alegría.
Un beso dulce.

BAILE DE MÁSCARAS 2025 - 2026

Organizado por DULCE

Me ha llegado la invitación personal e intransferible, que agradezco muchísimo


La verdad es que me ha cogido en mal momento, porque estoy con un trancazo muy respetable y tendría que ir con mascarilla, en vez de Máscara, lo cual no es muy atractivo que digamos, además de hacer correr el peligro de caer todos malos.
Nos has dado para elegir, en esta primera copa, tres citas en:
La Habitación Violeta
El Confesionario
El Salón


Elijo la cita en el Salón porque me gusta bailar y un bonito salón es el lugar adecuado para sentirme a gusto.


Llegué de los últimos invitados.
El Salón estaba deslumbrante, me recordó a esas pinturas de bailes elegantes que se contemplan en las pinacotecas.
Algunas parejas bailaban al son de un vals, emulando a las propias notas de la partitura.


Otros con una copa en la mano disfrutaban del espectáculo.  Empecé a sentirme incómoda, me veía en medio de todos ellos con mi limonada en la mano porque el antibiótico que me estaba tomando no me permitía otra cosa.


Te buscaba con la mirada a través de unos ojos llorosos y una nariz congestionada, nunca me ha gustado llegar tarde a los sitios y está vez menos porque me sentía como el patito feo.


Pero, como por arte de magia, llegaste tú tan apuesto, tan señor, tan elegante... Y como adivinando mi sentir me ofreciste dos antifaces, para ocultar mis rojeces "catarriles".
Fue el momento más feliz de la fiesta 
¡Qué detallazo!


Sin dudarlo cogí el de la izquierda para ir a juego contigo. En ese momento sonaba un bolero, me tomaste suavemente por la cintura y tras un momento de "acoplar nuestras napias" me convertí en el cisne más bello que nunca podía haber imaginado


Ningún año me había sentido mejor en tus bailes.
He comprendido lo que tú decías en la invitación: 
" El momento del baile también es una buena ocasión para algo más que bailar".
Gracias por tu invitación.

© Tracy


jueves, febrero 12, 2026

El Baile por Milena V.

De sagrada danzarina
se vistió para la ocasión
y como Gran Bayadera brilló
con sensualidad en nuestra cita
complaciendo mi mirada,
embelesada ante su gracia.


Mi gratitud Milena por este despliegue de fantasía.
Besos dulces Mil.


Baile de Máscaras {Tanka}


♦️

 
Un año más llegó la invitación 
al Baile de Máscaras más mágico 
que celebra nuestro Dulce Caballero 
en el Salón de su maravilloso Castillo. 

Hago recuento de los distintos trajes 
que he llevado en años anteriores: 
Grulla, Pantera, Cisne Negro...
Y sin dudar ni un segundo, 
este año elijo mi precioso vestido de Bayadera  
bailaré en el Salón una pequeña pieza de tan espectacular Ballet. 

Fue una noche fantástica, 
realmente memorable.

Gracias, Dulce, 
por tu renovada invitación. 


♦️




❇︎


Amo la Danza 
¡Vuelo cual Libélula! 
Ritmo sin freno 
me embarga la emoción 
Soy la gran Bayadera 


❇︎



                        La Bayadère, variation - Maria Khoreva                        


♦️


martes, febrero 10, 2026

El Baile por JP.Alexander V.

Un Baile a la luz de la Luna
alumbró un romance
en plena Noche vieja,
un nuevo comienzo
sellado con un beso
al vaivén de la música.


Mi gratitud, JP.Alexander por acompañarme nuevamente. 
Besos dulces.


Baile de Mascaras 2025- 2026. Baile a la luz de la luna.




 Como en los últimos años  fui invitada  al  baile  anual  de mascaras  que organiza  León del  blog  El dulce  susurro  de las palabras. 


Si desean  conocer más del  baile   les  dejo  el link-  Baile

Esperó  que este corto  relato  sea de su agrado. Esta ambientado en noche  vieja. 

Baile a la luz de la luna



La luna iluminaba la noche,  a lo lejos  se oían  campanas  provenientes  del  castillo   que se encontraba  en las montañas. Ellas  anunciaban  un nuevo  baile   de fin de año. El  señor  de las montañas  o también  llamado el señor  oscuro  celebraba  cada año  un baile para  agasajar   a   sus  amigos y  molestar a sus enemigos.  

Había sido invitada  varias  veces. Para mí, el  señor  oscuro  era  mi dulce poeta.  Solo  yo conocía su nombre  y   su ternura, pero  eso  fue hace mucho tiempo.  

Mire de nuevo su invitación. Había llegado al castillo y estaba  en mi  habitación.  Una parte  de mi no deseaba  ir solo quería alejarse, otra parte que siempre lo amo o deseaba  más que nunca. 

Me quedé mirando la luna,  oyendo  la música  y sin saber qué hacer. Cansada de tener miedo y  aterrorizada de dar un paso.  Aún estaba   vestida  con mi bata de  dormir de color  blanca y de encaje  con los pies  descalzos  y totalmente despeinada. No quería  afrontar que mi  relación con el pendía de un hilo. Tomé una decisión y no iría  al  baile, me marcharía  mañana por la mañana .  Sin ni siquiera  ver  a mi  dulce poeta,  a mi señor. Una lágrima  se  deslizó por mi mejilla.

O eso  creía lo oí llamarme. Temblé al escuchar mi nombre.

— Ven, te  lo ordeno.

No pronuncie ninguna  palabra.   Me  quedé   mirando  la luna que  se  veía  desde  la ventana  .  Como  si ella pudiera  salvarme, pero no fue  así, en su lugar se  oyó un trueno mostrando el disgusto de mi señor.

Él volvió a llamarme.  No me  moví  solo mire  a la luna. Esta vez  hubo truenos y   la tierra se movió.  Los invitados   del  castillo corrieron por sus vidas.  Hasta el techo  del  castillo voló y pude mirar  el cielo lleno de estrellas y la  gran luna  desafiándome  a que  me moviera. 

Pasaron horas  o  tal  vez minutos  pero  lo oí llorar y   en un susurro decirme. 

— Por  favor,  no te  vayas.

Debería irme,  en lugar  de eso  camine  hacia él.  

Mi dulce  poeta    se acercó  a mí.  Los  dos nos quedamos mirando  sin decir nada y  nos  besamos.    Sin darme  cuenta empezamos  a bailar  al son  de nuestros  corazones iluminados  por la luna.  Esperando  que un nuevo comienzo  nos  de felicidad.

© JP.Alexander

domingo, febrero 08, 2026

El Baile por Nuria de Espinosa II.

Eligió El Salón
para una cita a ciegas de pasión
donde su baile fue
una inesperada revelación
y sucumbió al ritmo dulce
para ser
colmada de miel.


Mi gratitud Nuria, por estar nuevamente en Mi Baile.
Un beso dulce.

Cita a ciegas

En el salón la noche se hace pasión,
cuando el compás promete más que bailar;
tu cuerpo enciende el pulso de la emoción.
y el fuego aprende a hablar con pasión.

Bajo mi vestido arde la sinrazón,
cataratas y llamas vibran sin control;
en manos del ritmo del corazón,
dos pasos bastan para anhelar más.
y derretirme en tus labios sin más.

Se inclinan las miradas en el salón,
denso aliento, éxtasis y pasión.

La canción nos desnuda, con paso lento;
y tus ojos dibujan hambre en mi piel.

No es solo danza: es un pacto sediento,
un baile con frenesí donde el deseo es infiel,
y en cada giro sucumbo como la miel.

© Nuria de Espinosa