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jueves, enero 22, 2026

El Baile por Marina VII.

Una sonrisa
que acompaña a la música 
como una espiral que danza
al son de sus vivaces ojos
siempre atentos
a los movimientos en El Salón. 


Gracias Querida Marina por venir a Mi Baile.
Besos dulces con mi cariño. 


¿Qué esconde una escalera de caracol?


Llego al Baile el último día, casi como siempre. Tus Leones no están muy seguros de franquearme el paso, pero deciden no arriesgarse con el Señor del Castillo y me permiten entrar. 

Reposo mi espalda contra la barandilla de la inmensa escalinata y espero, como casi siempre.

Suena una música de baile, como no, mientras El Salón se llena de tules, sedas y brocados. 

Yo sonrío, siempre sonrío cuando suena la música ... 

 © Marina

lunes, enero 19, 2026

El Baile por Auroratris VIII.

Infaltable, puntual
llegó un año más al Baile
para la cita escogida.
De seda y cuero
se dirigió a El Confesionario
y bajo mi atenta mirada
me susurró su confesión.


Mi Gratitud Mi Querida Auro por no faltar a la cita.
Besos muy dulces.


Una Confesión Puntual 


La puntualidad es una virtud que compartimos la invitación de Dulce y yo. Como cada fin de año hay una fiesta que celebrar en su Castillo durante la cual corre el champán, bailes con el anfitrión y hasta juegos tan divertidos como sexys donde el ingenio está servido entre miradas y susurros intencionados. 

El atuendo atrevido siempre es una opción para el momento íntimo. ¿Cuál disfraz tocará está vez? Entre tules, sedas y cuero anda mi elección. Imagino a mi lado al Caballero dando su punto de vista ante cada prenda. Su mirada penetrante y su aceptación ante la resolución del dilema textil.

No puedo llegar tarde cuando el conjunto está solucionado, el maquillaje acabado y el peinado... ¡Ja, despeinado! Un taxi en la puerta me avisa con un toque de claxon de que es la hora. El taxista se apresura para abrir mi puerta antes de que llegue hasta él. Sus ojos y su boca tienen el mismo diámetro de sorpresa que espero provocar en Dulce. Un cuerpo de cuero negro y una falda de gasas moradas se deslizan dentro del coche.  Solo doy la dirección y la noche se abre llena de emociones. 

Ahí está este Castillo encantado. Me esperan aventuras que permanecerán de manera sempiterna entre sus arcanas paredes. La expectación está servida mientras desciendo la impresionante escalinata que me dirige hasta la caballerosa mano del anfitrión.

Sus ojos brillan tras la máscara seductora, los míos lucen tras el brillo de las lentejuelas. Creo haber acertado en la elección, no por ello el resto de las damiselas están exentas de belleza. Esta noche todo es divino, risa y encanto. 

Si difícil fue elegir el disfraz más complicado será elegir la habitación en la cual un juego late dispuesto a ser disfrutado por ambas partes. 

Observo a mi alrededor el bullicio que crece, las risitas alejándose por los largos pasillos hasta que un susurro se cuela en mi oreja y deja una pregunta coqueta:

- ¿Ya ha elegido la Señorita? ¿Acaso, necesita ayuda? 

En ese instante lo veo claro. Necesito una confesión. Y así mismo se lo hago saber. No hace falta descubrir su rostro para adivinar la emoción que bulle bajo el antifaz.

La señal es al finalizar nuestro baile. El pasillo se abre lujosamente hasta plantarme frente a la puerta que reza como «Confesionario». Una vez dentro puedo respirar su perfume que me guía hasta un sillón confortable donde el Dulce Caballero espera para mi confesión. 

El silencio envolvente se rompe con su voz, mis rodillas tocan el suelo y una mano protectora se posa sobre mi cabeza, la cual se hace nido sobre sus piernas.

- «Confieso haber imaginado una intimidad desbordada con Usted dándole protagonismo a mis manos, aves buscando el calor de su piel entre los ropajes, mis yemas como auténticas llamas 
incendiarias dejan un reguero erizado allí donde se posan. 

Confieso querer ser invidente para leer el lenguaje que revela cada parte de su cuerpo. Sentir y Sentirle haciendo poesía inscrita en el aíre con cada uno de sus suspiros. 

Confieso el deseo de su indefensión bajo mi trémula carne y ser liberada de este pecado que arde dentro de mí.

Ruego me conceda la absolución, Dulce Caballero»

Salgo algo aturdida de este encuentro con la sensación de caminar flotando. Tomo una última copa antes de abandonar el Castillo, en el último sorbo siento su respiración en mi espalda y una nueva invitación:

- La espero el Año Próximo, Señorita.

Mi sonrojo hace una carrera hasta el taxi que ya espera al igual que el amanecer. 

Lanzo un beso que Él captura en el aire y «DulceMente» lo lleva a sus labios.


© Auroratris 

sábado, enero 17, 2026

El Baile por Cora VI.

Cruzó la puerta del Castillo
con el corazón palpitante
como aquellas campanadas
que fueron testigos
de un beso de almas
sellando nuestra cita en El Salón.


Mi Gratitud por acompañarme un año más en Mi Baile.
Besos siempre dulces Mi Corita.

EL DULCE SUSURRO

Me muestro tras el manto del invierno,
dispuesta a todo lo que me haga sentir,
de gala se visten mis ansias
y presa ante la inquietud
de su intimidante mirada.
Entre sombras
se deslumbra un te quiero de sus labios… 
un quédate esta noche conmigo,
en un baile desesperado 
al capricho de su orden…
y allí cuando las campanas titilan
las doce…
un temblor anuncia las mariposas
del beso cosido a esta boca 
que lleva su nombre…
Culmen indeleble
más allá de las almas,
tras el dulce susurro de las palabras.

© Cora

lunes, enero 12, 2026

Gracias ...

La música comienza a diluirse entre el silencio nocturno, las luces de las estancias del Castillo se apagan, solo queda iluminado bajo la Luna Violeta y un año más lo acontecido en el Baile anual de máscaras pasa a ser parte de la historia. Las invitadas acudieron con la ilusión de siempre y el Dulce anfitrión estuvo encantado de tenerlas nuevamente en El Salón, así también agradecido de quienes aceptaron una cita junto al Dulce Caballero durante los días de baile. Gracias: Siby, Campirela, Lunaroja, JP.Alexander, Sylvia, Cora, Auroratris, Marina, Hanna, Milena, Beatriz Lopes, Dakota Zen, Mujer de Negro, Mag, Nuria de Espinosa, Dafne Sinedie, Beatriz Martín, Tracy y Cléia por responder a la invitación.


Un beso entre dulces susurros se vivió en El Salón, una confesión puntual se hizo en El Confesionario, una sonrisa conocida afloró al son de la música, un corsé se desató entre pasiones, un tocadiscos especial puso ambiente a una tradición cómplice, un reencuentro se produjo en El Salón, mientras un último compás trajo una esperada presencia. La seducción tomó cuerpo de mujer en El Salón, una cita a ciegas desnudó el hambre sobre la piel, un baile romántico selló la Noche Vieja, una Gran Bayadera bailó para mí y un Cisne se descubrió, un sentimiento de sumisión se entregó al Dulce susurro y un encuentro íntimo tras el Baile cerró el festejo. 

Y lo demás, siempre es un secreto que guarda El Castillo. Alguien se queda dentro? Alguien aún se aventura por los pasillos y habitaciones? Seguro que sí. Las puertas se cierran y los ecos permanecen. M gratitud por haber venido un año más.


GRACIAS CORA

GRACIAS AURORATRIS

GRACIAS MARINA

GRACIAS LUNAROJA

GRACIAS DAFNE

        GRACIAS MUJER DE NEGRO
 
        
      GRACIAS MAG


GRACIAS CAMPIRELA

GRACIAS NURIA

GRACIAS JP.ALEXANDER

GRACIAS MILENA

GRACIAS TRACY

GRACIAS CLÉIA

GRACIAS MAIA

viernes, agosto 08, 2025

Susurros de Cora.

Tal como un manantial de mieles recién paridas
se desatan desde la lujuria,
como una plegaria se derrama
en todo aquello que lleva su nombre,
en total pertenencia...

© Cora


Susurros dejados por Cora en mi poema "Secreta".
Mi gratitud Mi Corita.
Besos siempre dulces.

martes, agosto 05, 2025

El Viajero en el Tiempo. (Regalo de Auro).

EL VIAJERO EN EL TIEMPO.

¿De cuánto tiempo estamos hablando?

Esta cuestión me hizo reflexionar sobre el paso de los siglos, los años… El viaje de las almas, la reencarnación. No sé. Escucharla hizo que el engranaje de mis pensamientos se activara. 

Un tacón fue el causante de aquél encuentro. Se rompió por obra y gracia de la divina providencia, debía suceder así, que él y yo coincidiéramos en esta época. La noche prometía misterio, el mismo que circundaba su presencia, su vestimenta no delataba peligro, pero sí cierta atención. Él vigilaba como un faro lo hace en los acantilados, el qué o a quién nunca lo sabré. Su postura tranquila se interrumpió al escuchar el sonido sordo que hizo mi cuerpo contra el asfalto. Se giró de manera pausada acercándose hasta mí, me tendió la mano, su reconfortante voz me dio la seguridad necesaria para reconocer que todo iba a estar bien. 

La pregunta del millón no tardó en aparecer: “qué hace una chica como tú en una noche como esta”. Hubo tantas respuestas agolpadas en mi cabeza, que solo se me ocurrió decir que había salido a tomar el fresco. Patético, pensé.

Tal vez, fue el gesto que hizo con su sombrero, o sus ademanes de caballero, o la educada atención que me prestó. Juro que, medio hipnotizada me dejé arrastrar hasta aquel lugar, en el cual con un café caliente y su sonrisa de por medio me sentí como en casa. Él lo hizo fácil. ¿Cómo que el qué? Bajar la guardia para hablar de mi pasado. 

Hablábamos como viejos conocidos. Le reconocí, no dije nada, callé mi descubrimiento y continué como si tal cosa. Atendí a su amena conversación. Me dio paz escucharle. Era un viajero del tiempo mucho más antiguo que yo. Su experiencia quedaba palpable en cada uno de sus argumentos. Mi fase estaba muy por debajo de la suya.

Salimos de aquel tugurio para dirigirnos a mi apartamento. Llamó a un taxi y, efectivamente, él mismo dio la dirección. La sorpresa quedó reflejada en mi cara. ¿Quién era exactamente? Creí haberle reconocido. Me reafirmo en la creencia de que somos almas cargadas de energía acercándonos y alejándonos de dónde venimos. Pero, él está por encima de todo esto. 

Llegamos frente a la puerta de mi edificio. Retiró su sombrero a modo de despedida, besó mi mano con un “Buenas Noches, Señorita, cuide de ese tobillo flaco”. Volvió a subirse a aquel taxi para perderse en la noche. Creo, que todo estaba premeditado y medido al milímetro. No, no le volví a ver. Es un viajero del tiempo. Estoy convencida de que coincidiremos en otro momento y en otro lugar.

© Auro

Brassaï

Relato que Auro me ha regalado para mi cumpleaños.
Mi gratitud acompañada de mi cariño, Mi Querida Auro.
Besos muy dulces. 

lunes, julio 21, 2025

Ecos de Dakota.

Algo en mi ansiaba caer.
Volé alto, libre,
hasta tus manos.
Fui nombrada.
Fui reconocida.
En ti encontré la calma.
Un lazo que no aprieta,
sino guía.
Y me postré ante ti.
Porque en tu Dominio,
mi deseo fue destino.

Dakota©️
Poema de Dakota inspirado en mi poema "Incógnita".
Mi gratitud. Besos dulces.

lunes, junio 23, 2025

Versos de Cléia.

 "Vento e fogo"

Sopro que invade e não se detém,
venho a ti em rajadas de desejo,
quebrando a calma, acendendo a pele,
em chamas que dançam no tempo alheio.

Sou trovão que abraça e fere,
eco de força e de entrega sutil,
te levo além do chão, além do medo,
no voo breve do prazer febril.

Teu corpo, campo de espigas douradas,
resiste, se curva, se rende, se eleva,
na dança onde o vento é fogo,
e o fogo é vento que tudo leva.

© Cléia Fialho.
Poema de Cléia inspirado en mi poema "Cimbra".


"Viento y fuego"

Aliento que invade y no cesa,
llego a ti en ráfagas de deseo,
rompiendo la calma, encendiendo la piel,
en llamas que danzan en tiempos ajenos.

Soy trueno que abraza y hiere,
eco de fuerza y ​​sutil entrega,
te llevo más allá del suelo, más allá del miedo,
en el breve vuelo del placer febril.

Tu cuerpo, campo de espigas doradas,
resiste, se doblega, se rinde, se alza,
en la danza donde el viento es fuego,
y el fuego es el viento que todo lo lleva.

Mi gratitud Cléia.
Beijos doces.

domingo, marzo 30, 2025

Susurros de Cléia Fialho.

*Essência Revelada*

No silêncio da noite, uma palavra surge
Desvendando equações ocultas
Espirais triplas dançam na insônia
Marcas indeléveis no Éden vasto
Sou eu, enfim, descoberta em mim.
...............................................
Para vc carinhosamente.

AFAGOS POÉTICOS EM SEU 💗🐾



ESENCIA REVELADA

En el silencio de la noche,
una palabra surge
descubriendo
ecuaciones ocultas.
Triples espirales
bailan en el insomnio,
marcas indelebles
en el vasto Edén.
Soy yo, finalmente,
descubierta en mí misma.

© Cléia Fialho.
Versos susurrados por Cléia en mi poema "Fraguada".

martes, marzo 18, 2025

Susurros de Marina.

Hoy diluvia en mis montañas, en realidad hace tres días que llueve sin parar. Los árboles son duchas perennes, aun sin sus hojas, los caminos perpetúan las huellas de los indómitos caminantes que se arriesgan por veredas embarradas.

Llueve deliciosamente y los narcisos están enamorados de sus reflejos en charcos y riachuelos. Huele a bosque, a ozono, a lágrimas reales que bajan del cielo, a Luna limpia y torrencial.

Me gusta ver un escrito con todas las maravillosas criaturas que paseamos por tus Dominios y te dejamos segundos de nuestro tiempo y cariño y a cambio nos llevamos tus letras coloridas y sensuales para tapar sentimientos y atesorarlos muy dentro, sin que nada se escape.

© Marina Hernández.
Palabras susurradas por Marina en mi poema "Todas".

miércoles, febrero 12, 2025

El Baile por Marina VI.


Finalmente llegó
venciendo a la duda,
vestida de nubes
y acompañada de la Luna.
De mi mano se dejó llevar
y ya no le bastó
con solo mirar.
 
- © DUlCE -


Muchas gracias Marina
por no perderte Mi Baile y llegar a la cita.
Besos dulces con mi cariño.

VESTIDA DE NUBES Y LUNA


Llegó por el aire cubierta de nubes, jugando con la luna, una invitación juguetona y traviesa. No se detuvo en el buzón, eso habría sido demasiado mundano, se coló por debajo de la puerta, empujada por un viento suave y amistoso que la elevó por encima de la lámpara. Allí me la encontré, de conversación con las arañas.
"VEN AL BAILE". El baile, así, sin más aditamentos ni nombres añadidos. Con nombre propio y único.
Este año mi mente estaba perdida en una bruma recóndita y pensamientos entristecidos, pero mi curiosidad es quien manda y su poder no se discute...solo fui a mirar.

Con mi escoba nueva, recién estrenado, veloz, silenciosa, repleta de extras y opciones increíbles, llegué, sin ser vista, al Castillo imponente, cuyas torres se perdían en la elevada negrura de la noche.
Carruajes impresionantes cubrían el largo sendero, de ellos bajaban damas semiocultas por máscaras, capas y crujidos de sedas, sólo las risas y los murmullos nerviosos destrozaban los silencios de la noche.

Y comenzó el baile. Sentí cómo los pentagramas con sus notas saltarinas y sus acertadas claves, volaban de la orquesta a la ventana, vi, cómo se abrían las hojas cristalinas formándose un camino ligero, inestable y , ciertamente incitador de sensaciones.
Alguien lo observaba todo con cierta impaciencia.

Un lacayo enfadado por mi presencia me llamó por mi nombre, cosa que me dejó perpleja. Me comunicó que tenía que entrar ya porque las puertas se cerrarían en pocos minutos.
Miró mi escoba y mis ropajes de bruja nocturna y su mohín indicó que no aprobaba mi aspecto.
 
Me di cuenta que de nada iba a servir decirle que solo iba a mirar, que no tenía intención de entrar... 

Miré el camino musical y me decidí. Ante la atónita mirada del guardián de la puerta el conjuro  hizo su función y un vestido de nubes y rayos de luna se apoderó de mi cuerpo y, cuál Cenicienta, con unos zapatos de cristal, me subí a la clave de sol y entré al baile.

El Caballero del sombrero de copa me agarró de la mano y tiro de mí, escaleras arriba 
- Ya sabía que entrarías, está en tu naturaleza.
Qué podía decirle, sino dejarme llevar. Abrir aquella puerta al final de la escalinata, que esconde secretos y pasiones, sentir y disfrutar la música, preludio de una gran noche.

© Marina

lunes, febrero 10, 2025

El Baile por Tracy III.

De mi color favorito
se vistió para complacerme,
no la detuvo la lluvia,
ni tampoco el tiempo
solo las puertas
que le privaron
de un dulce encuentro.

- © DUlCE -


Mi gratitud Tracy
por traer tu buen humor a Mi Baile.
Un beso dulce.


EL BAILE DE DULCE


 Como la magia todo lo puede he conseguido retrasar el reloj hasta el día 31 de diciembre y recibir al nuevo año 2025 como se merece, asistiendo a tu baile de fin de año.

Voy a recoger mi invitación y enterarme de las normas de protocolo que habías puesto, si es que las hubiera.


parece que no hay normas así es que voy a probarme un vestido   morado, porque sé que ese color te gusta mucho, a ver qué tal me está, porque los excesos navideños se han dejado notar.
 En último lugar llevaré el antifaz y el paraguas, que para ambos no se necesita tener en cuenta la báscula.







Ya me lo probé y me está perfecto.
Voy para el Palacete. 
¡Vaya....! la puerta está cerrada, no me ha servido de nada venir lo monísima que vengo. Se conoce que tus lacayos se han ido a dormir pensando que ya no llegaría nadie.
Por favor no les amonestes demasiado, que lo de encontrarles sustitutos, está poniéndose difícil, además he sido yo la que me he pasado llegando un mes más tarde de lo previsto. 
Lo que siento es que con lo "terminaíta" que he venido, no me vas a ver y te advierto que mejor que sea así  porque me está lloviendo lo que no estaba previsto y el paraguas de encaje que elegí para la ocasión deja pasar el agua como si fuera que un colador.
Así que me voy a casa  y espero llegar a tiempo al próximo baile que me invites, que será el de Carnaval ¿no?
Mil disculpas. 
Con cariño

sábado, febrero 08, 2025

El Baile por María II.

Robándole minutos al tiempo,
queriendo anticiparse
a las campanadas
asistió al encuentro
que le quitaba el sueño,
pero un año más
se resistió
a cumplir su más dulce deseo.   
 
- © DUlCE -


Mi gratitud María por a pesar de todo
intentar llegar a tiempo :)
Besos dulces.


SIEMPRE TARDE.

Como cada año, las campanadas de media noche la pillarían corriendo escaleras abajo sobre aquellos altísimos stilettos que si no los llevara enfundados en sus pies, parecían brillantes punzones de hielo… Antes de salir, retiró con un gesto felino la espesa melena que chorreaba sobre sus hombros. Sujetó con las dos manos el escote palabra de honor y tiró fuerte de su ajustadísimo vestido hacia arriba. Luego, cogió apresuradamente su bolso de mano, cerró tras de sí la puerta y corrió hacia su coche. Encendió el contacto, pisó el acelerador hasta el fondo y mientras con el volante dibujaba la línea central de la carreta y sus ojos se acostumbraba a la oscuridad de la noche, su cabeza intentaba encontrar una excusa creíble que justificara el por qué de su retraso. No sabía explicar por qué le imponía tanto aquel enorme León, que sin embargo resultaba extremadamente amable, dulce y cercano. Su mirada noble, le confería la certeza de que nada malo podía ocurrir a su lado y a la vez, su presencia le intimidaba. No se sentía cómoda ante alguien tan exultante y seguro de sí mismo, esa sensación le generaba inseguridad y por eso, posponía una y otra vez, aquel encuentro desde hacía tanto. Pero aquella invitación era ineludible y esta noche, por fin se encontrarían.

Sabía que a la invitación acudirían más invitados, lo que no sabía era si todos coincidirían a la vez y en el mismo lugar o aquel misterioso León, les tendría preparada alguna de sus enigmáticas sorpresas. Cada vez que las ruedas perfilaban una curva, el chirrido de los frenos rompía la quietud de aquella apacible noche y su mente se zambullía en todo tipo de especulaciones sobre lo que podía esperarle al llegar .. Quizá al abrirse el enorme portón de la mansión a la que se aproximaba, la inundaría el brillo y bullicioso sonido de la multitud – pensar esto le daba tranquilidad- o por el contario, al abrirse aquella pesada puerta el silencio rasgara la oscuridad tenue en la que debería adentrarse conteniendo la respiración… Tal vez al llegar, acudirían a su encuentro sus queridas MARINA, MILENA, MARÍA DORADA y AURO…¡hacía tanto que no las veía! ¡Debió llamarlas antes de salir!.. ¿por qué no lo hizo? Siempre a última hora, sin tiempo… Siempre deslizándose de puntillas sobre el filo de la navaja.. En fin, en pocos minutos sus dudas se despejarían .. Encaró la última curva y enfiló la recta que ascendía por la pendiente que apareció tras la enorme verja que daba acceso a la finca. Aparcó y salió del coche.

Se sorprendió al no ver ningún vehículo aparcado en la inmensa explanada que se extendía frente a la imponente mansión. Respiró hondo y comenzó a caminar clavando decidida sus afilados tacones sobre aquella gravilla resbaladiza. Las estrellas jaspeaban un cielo tan negro como su vestido. El brillo de la luna se reflejaba en sus hombros, el vertiginoso escote de su espalda y las piernas que asomaba alternativamente por la infinita abertura del vestido y aun más cuando ascendió las escalinata ..
Su corazón trotaba y sentía su pulso acelerarse…

Por fin llegó hasta la puerta y sus ojos se agradaron clavándose en lo que vio.

Una pequeña nota con caligrafía inglesa, escrita a plumilla se balanceaba con la suave brisa que corría en ese instante … y atónita leyó:

“ María, llegas con una semana de retraso. El próximo año -si es que te invito- te indicaré fecha y hora, una semana antes para que llegues a tiempo, desastre! ”.

© María

jueves, febrero 06, 2025

El Baile por Cléia Fialho.

Una nueva invitada
llegó a El Salón
con una sonrisa de provocación,
las máscaras nada ocultaron,
tampoco las intenciones
y la noche la colmó
de dulces sabores.

- © DUlCE -


Mi gratitud Cléia por disfrutar
doblemente de Mi Baile.
Beijos doces.


MÁSCARAS Y DESEOS (Versión 1)

La música se extendió por la habitación como un susurro insinuante, una invitación al pecado. Las velas ondeaban en candelabros dorados, proyectando sombras danzantes sobre los rostros enmascarados que se deslizaban sobre el mármol negro. El perfume de las rosas y el vino se mezclaba con el calor de los cuerpos que seguían el ritmo de los violines.

Ella estaba allí, en lo alto de la escalera, una visión envuelta en seda carmesí. La máscara dorada cubría parte de su rostro, pero sus labios rojos delataban una sonrisa de promesa. Sus ojos escudriñaron la habitación, buscando a quien llevaba semanas enviándole cartas llenas de secretos y provocaciones.

Y entonces, llegó. Un hombre alto, con un impecable traje negro, una máscara plateada que ocultaba su identidad. Sus ojos, sin embargo, eran imposibles de ignorar. Se aferraron a ella con la certeza de quien ya sabía el desenlace de esa noche.

Descendió, lentamente, cada paso era un desafío mudo. Cuando lo encontró, le tendió la mano enguantada y, sin dudarlo, ella aceptó. Bailaban como si fueran los únicos en ese baile, sus cuerpos en un juego de acercamientos y escapes, chispas invisibles ardiendo entre los dos.

Sus dedos se deslizaron suavemente por su cintura, presionándola contra él. Un cálido aliento rozó su oído mientras murmuraba:

"Has venido.

Ella sonrió, oscilando entre la rendición y la provocación.

"Y tú me esperaste.

Sin más palabras, la alejó de la multitud, a través de los pasillos decorados con tapices y secretos. Un toque en la puerta de madera maciza se abría a una habitación iluminada solo por la luz parpadeante de la luna.

Allí, donde podían caer las máscaras, las miradas se hacían más intensas, las caricias más audaces. Sus labios tomaron los de ella con urgencia contenida, mientras las finas telas se deslizaban como promesas rotas hasta el suelo.

Esa noche, entre los susurros del baile y el escalofrío del amanecer, no importaban nombres ni rostros. Solo los cuerpos, la piel y el deseo que incendiaron la oscuridad.

© Cléia Fialho



MÁSCARAS DEL DESEO (Versión 2)

El salón era un océano de sombras y promesas. La música serpenteaba por el aire, un murmullo seductor entre los cuerpos enmascarados que se deslizaban bajo la luz parpadeante de los candelabros. Los susurros y las miradas secretas llenaban la habitación de una tensión que vibraba en la piel.

Ella estaba allí, vestida de seda roja, la máscara dorada ocultaba su identidad, pero no el hambre en sus ojos. Lo estaba buscando. Durante semanas le habían ido llegando cartas llenas de promesas, escritas por manos que conocían cada uno de sus caprichos. Palabras que le incendiaron la piel incluso antes de ser susurradas.

Entonces, lo sintió incluso antes de verlo. Un perfume amaderado, una calidez demasiado cercana, una mirada que la desnudaba sin vergüenza. Él estaba detrás de ella.

—Has venido. La voz profunda se deslizó por la nuca, tan cerca que le hizo perder el aliento.

Ella sonrió, sintiendo que el escalofrío se extendía por su piel.

—¿Por qué huir de lo inevitable?

Deslizó un dedo por su hombro desnudo, un toque ligero, pero que ardía como brasas. En silencio, la tomó de la mano, alejándola del vestíbulo.

El corredor era una invitación al peligro. El sonido de la fiesta se hizo lejano mientras él la apoyaba contra la fría pared, el contraste entre el mármol y la calidez de su cuerpo le arrancó un suspiro.

—Ya sabes cómo termina esta noche... —murmuró, rozándose el cuello con los labios—.

Jadeó al sentir que sus dientes presionaban ligeramente contra su piel, un mordisco sutil, una advertencia de todo lo que estaba por venir. Las mascarillas seguían cubriendo sus rostros, pero nada más los separaba.

Sus manos se deslizaron por el pliegue de su cadera, tirando de ella contra él. Ella sintió la innegable rigidez de su deseo y le correspondió con un roce de cuerpos que le hizo contener la respiración.

Levantó la pierna, envolviéndola alrededor de su cintura, y apretó su cuerpo contra el de ella, sus labios explorando, chupando, mordisqueando cada trozo de piel que pudieron encontrar.

—Dime que pare... —bromeó, deslizando los dedos por debajo de la fina tela de su ropa, trazando caminos prohibidos.

Pero ella no quería que se detuviera. Nunca quiso.

El deseo los consumía como el fuego. Las manos inquietas arrancaron los últimos vestigios de seda y misterio, y luego, allí, entre sombras y suspiros, se perdieron el uno en el otro.

Y cuando finalmente cayeron las máscaras, ya no importaba quiénes eran, solo el placer compartido en esa noche sin nombre, sin mañana.

© Cléia Fialho